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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El juego infantil

Francisco Arias Solís
Redacción
sábado, 9 de enero de 2010, 02:46 h (CET)
Vivimos los últimos días de las vacaciones navideñas en las que los niños son los verdaderos protagonistas para dar vida a la ilusión o para dar ilusión a la vida.

El comportamiento del niño en la primera infancia, en gran medida y totalmente en el lactante, es un comportamiento determinado por la situación en la que se desarrolla la acción.

El niño está ligado en cualquiera de sus actos, a la situación en que se produce su actividad, en el juego el niño aprende a obrar en una situación cognoscible, es decir mental, y no en una situación visible.

¿Es posible en el comportamiento infantil una situación en la que se actúe siempre de acuerdo con la razón? ¿Es posible un comportamiento tan árido en un niño en edad preescolar que no haga lo que se desea con un caramelo porque piense que debe comportarse de otro modo? Esta sumisión a la regla es absolutamente imposible en la vida: en el juego por el contrario se hace posible El juego crea, además, una zona de desarrollo potencial del niño. En el juego el niño está siempre por encima de su edad media, por encima de su habitual comportamiento cotidiano; en el juego está de alguna manera un palmo por encima de sí mismo.

Está claro que el juego es una fuente de desarrollo. Para autores de reconocido prestigio, es innegable que en el juego surge todo esto: la acción en un campo imaginario, en una situación ficticia, la creación de una intención espontánea, la formación de un plano de vida, de motivaciones voluntarias.

El niño se mueve mediante la actividad lúdica. Sólo en este sentido puede llamarse al juego, actividad desencadenante, determinadora del desarrollo del niño.

Es erróneo creer que el juego sea una actividad sin finalidad; el juego es una actividad acabada del niño. En los juegos deportivos se trata de la victoria o de la derrota, se puede llegar el primero, o ser el segundo o el último. En una palabra, la finalidad decide el juego. El objetivo tendente a acabar el juego se convierte en los juegos deportivos en uno de los momentos dominantes, sin el cual el juego pierde su sentido.

En el juego el niño es libre, es decir, determina sus acciones partiendo de su propio “yo”. Pero se trata de una libertad ilusoria.

El niño aprende a ser consciente de las propias acciones, a ser consciente de que cualquier objeto tiene significado.

Finalmente, hemos de señalar que el juego es efectivamente una particularidad de la edad preescolar. En la primera infancia el juego del niño es serio porque juega sin distinguir la situación ficticia de la real. Y es, que como dijo el poeta:”La realidad, como el sueño / no es verdad ni mentira / fuera de tu pensamiento. / Fuera de tu corazón / la verdad y la mentira / son una vana ilusión”.

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