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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Encerrados en soporte electrónico

Nuria Rubio (Madrid)
Redacción
sábado, 9 de enero de 2010, 02:40 h (CET)
Al igual que en otras fechas señaladas, en Navidad siempre acostumbro a regalar libros. Este año, la elección del título apropiado a cada destinatario -con la consiguiente visita a distintas librerías especializadas de la ciudad- ha ido acompañada de cierta dosis de tristeza. Una perturbadora idea se ha apoderado de mí: "Quizá pronto todo este maravilloso universo de papel desaparezca."

No es nuevo el debate suscitado en torno al futuro incierto del libro impreso; mientras unos auguran su progresiva e imparable decadencia hasta ser sustituído por completo por el "e-book", otros -menos catastrofistas- apuestan por el mantenimiento del formato en papel, en perfecta coexistencia con el soporte electrónico, dejando así al lector potencial la opción de elegir la manera en la que quiere acceder a los textos.

Como todo debate recurrente que se precie, la confrontación entre los defensores a ultranza del libro impreso y los abanderados de las innovadoras ventajas del libro electrónico (capacidad de almacenar un gran número de volúmenes, amén de sus múltiples funciones) acusa momentos de especial viveza propiciados por determinadas circunstancias. El encumbramiento comercial del "e-book" como regalo estrella de las Fiestas navideñas, ha reavivado con fuerza la polémica; son muchos los que han cifrado en su presumible éxito en el mercado una clara evidencia de la inminente agonía del "libro tradicional", ese objeto tangible que, durante siglos, ha albergado entre sus páginas las ideas, pensamientos, sentimientos humanos.

Tal vez con el tiempo me convierta en una entusiasta usuaria del "e-book", pero en modo alguno está en mi ánimo que esta posibilidad conlleve una renuncia. Quiero pensar que disfrutaré por un período temporal indefinido del placer de adquirir y obsequiar libros impresos con la belleza de una cuidada edición, ejemplares individuales que puedan ser palpados durante el proceso de lectura para descansar después, con ordenada libertad, en los estantes de una librería, lejos del cautiverio de estar encerrados colectivamente en un único soporte electrónico.

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