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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   Colombia   -   Sección:   Opinión

La caída de Sánchez no supone un sí a Rajoy y Colombia dice no

“Después de conquistadas una a una. Perdí mis ilusiones ciento a ciento”. De Campoamor
Miguel Massanet
miércoles, 5 de octubre de 2016, 01:30 h (CET)
Dos temas de gran impacto, que han conseguido figurar como, actualmente, y sin duda con cierta cursilería, los periodistas vienen definiendo acudiendo al anglicismo “trending topic” una expresión que quiere significar algo así como “en la cresta de las noticias” o “tema del momento”. Por un lado, la abrupta y tumultuosa sesión del comité federal del partido socialista y por otro, aunque más lejano pero, sin duda, de gran importancia, ha sido el “no” que los venezolanos han dado a la propuesta que el señor Santos, su presidente, de acuerdo con las Farc, algo que todo el mundo daba por supuesto que sería aceptado mayoritariamente y que, sin embargo, el sentido de justicia y el gran número de afectados por los crímenes de aquel grupo terrorista, han hecho que la balanza se inclinara hacia el lado del sentido común y la legalidad. Dos temas de suma trascendencia y que, sin duda, van a tener repercusiones en la política de ambas naciones en los próximos meses.

Empezaremos, por ser el que nos atañe de más cerca, por la dimisión forzada, después de una tormentosa sesión del comité federal del PSOE, del secretario general del partido, don Pedro Sánchez; aunque el personaje se resistió hasta el último momento cuando, una última votación, inclinó los votos a favor del grupo de críticos que, cuando se produjo la dimisión del secretario, se apresuraron a constituir la correspondiente gestora que será la que asuma, provisionalmente, la gestión del PSOE hasta que se convoque el preceptivo congreso y, si procede, las primarias, para elegir a un nuevo secretario general. No obstante, no parece que sea fácil deshacerse de este correoso político que, según todo parece apuntar, parece dispuesto a presentarse de nuevo para la elección en las próximas primarias de su partido.

No obstante, es evidente que la dimisión de Sánchez no significa que el PSOE esté decidido, bajo sus nuevos gestores (por cierto, con facultades limitadas) a dar el esperado apoyo o abstención a la investidura del señor Rajoy. Tenemos el convencimiento de que va a ser difícil que, los socialistas, se decidan a prestar cualquier tipo de apoyo al PP y, en especial, a su actual líder. Apoyando esta percepción tenemos las declaraciones de muchos de los críticos que han conseguido derribar al secretario del partido y que, no obstante, siguen empeñados en repetir ante quienes les preguntan que, en modo alguno, van a abstenerse para facilitar un gobierno del PP. En realidad, sigue vigente la decisión tomada por el anterior congreso del PSOE, en la que se acordó, por unanimidad, oponerse a cualquier gobierno presidido por el señor Rajoy y, por extensión, del PP. En efecto, la rebelión de los críticos está basada en el convencimiento de que Sánchez estaba decidido, con tal de acceder a la presidencia del gobierno español, a pactar, si hacía falta, con los grupos secesionistas catalanes y con los vascos de Urkullu; algo que también dejaron claro que constituían las líneas rojas que no estaban dispuestos a permitir que se cruzaran.

Todo ello nos induce a sospechar que, las terceras elecciones en absoluto están descartadas, a pesar de que, los más recientes estudios sobre la intención del voto en España, ponen a la altura de 68 los escaños que lograría el PSOE si, en la actualidad, se llevaran a cabo unos nuevos comicios legislativos. Una situación delicada ya que, los plazos, empiezan a ser imperativos y nos encontramos en una situación endeble en la que, Europa, ya parece empezar a tomarse en serio la posibilidad de que España se vea sometida a un gobierno inestable, de corta duración y poco dispuesto a cumplir con las directrices europeas y los compromisos que tenemos contraídos con Bruselas, tanto respecto respecto al déficit público (difícil de ajustar a los parámetros que nos comprometimos a cumplir para los próximos ejercicios) y la ya preocupante deuda pública que está rozando, si no superando, la peligrosa barrera del importe del PIB de la nación española.

Personalmente tenemos la intuición de que, a pesar de que todas las formaciones políticas que, de boquilla, están diciendo que “unas terceras elecciones serían un fracaso de nuestra democracia y crearían graves problemas para nuestra nación”, existen muchos de dichos grupos que siguen esperando que, si se acudiera de nuevo a las urnas, saldrían beneficiados de ello. Es cierto que las encuestas que se vienen haciendo sobre la intención de voto de los españoles, aunque varían de día a día, siguen dando como nuevo ganador al PP (que parece que sacaría la mejor tajada de una nueva consulta, en la que tendría la oportunidad de separarse, todavía más, del PSOE que, a su vez, sufriría, como ha venido ocurriendo en las últimas elecciones, nuevas e importantes pérdidas de votantes; a continuación y, aún más después de la debacle de los últimos días en el seno del partido socialista, parece que los más beneficiados serían los de Podemos). Se habla de que Sánchez piensa presentarse, de nuevo, para la secretaria del partido, lo que indica que no ha tirado la toalla y sigue empeñado en ignorar que, su tiempo en política, parece haberse agotado. En todo caso, según están en estos momentos las cosas, las posibilidades que le quedan al PSOE, para un futuro cercano, no parece que sean muchas ni muy optimistas.

En el otro lado del Atlántico también se han producido hechos que nos hacen pensar en que, el apresuramiento del señor Santos en dar por hecho que el sí, del referéndum que ha tenido lugar en Colombia, iba a salir vencedor. Él quiso apoyar su apuesta invitando a los mandatarios de las naciones más importantes del mundo, entre ellas los EE.UU de América, como parte de la presión que quiso ejercer sobre los colombianos para que se decantaran por el acuerdo firmado con las Farc. El resultado ha acabado con el optimismo del presidente y ha significado un rotundo fiasco de proporciones inconmensurables para un señor que ha estado sacando pecho por su proeza de lograr una paz que, en definitiva, no es la que querían los colombianos, con la particularidad que ha conseguido dejar a su país a la altura de una nación tercermundista.

La manera con la que los bolivarianos le han hecho entender a su presidente que no estaban dispuestos a olvidar, tan fácilmente, los crímenes de todo tipo llevados a cabo por los guerrilleros terroristas de la organización comunista, por inesperada y por la propaganda gubernamental que hacía meses que ya daba por hecho el acuerdo y la aprobación del pueblo colombiano, ha sido tan epatante, tan dolorosa y tan rotunda ( Un gran triunfo para Uribe y Pastrana) que todo lo que ahora pretenda hacer Santos para intentar paliar este fracaso que, si se quiso justificar como un camino hacia la paz de un país que llevaba más de 50 años de guerra contra las guerrillas, no obstante, no tuvo en cuenta que, en las cesiones que les hizo a los jefes guerrilleros, llegó a un punto en que la única conclusión a la que se podía llegar era a la de que se había cedido en todo, y aquel acuerdo no tenía otra interpretación que la de una amnistía completa para unos bandoleros entre los que, un gran número, estaban manchados por toda clase de crímenes, violaciones, robos, torturas sobre el pueblo colombiano que, naturalmente, no ha podido entender que estos sujetos se salieran de rositas de todos los años de vida criminal.

Claro que Occidente padece de un síndrome parecido cuando se trata de intentar justificar actitudes de perdón, de cesiones y de contemporización, con aquellos países del Islam y grupos guerrilleros, como los terroristas del EI y los que, a hurtadillas, los apoyan, cuando lo que hace tiempo se debiera de haber hecho es acabar con semejante lacra criminal, algo que ya se hubiera conseguido si la mojigatería y los intereses creados entre los estados, no hubiera convertido la guerra contra las fuerzas de los líderes islamistas en un mero simulacro, en el que las necesarias fuerzas terrestres con su correspondiente dotación de armamento han brillado por su ausencia y, especialmente, el señor Obama, se ha lucido con una política que no le compromete con Arabia Saudí, la principal potencia a la que le atribuye haber contribuido a financiar toda la movida revolucionaria de Oriente Medio. Claro que, el señor Obama, a las postrimerías de su mandato ha tenido que soportar que la Justicia le haya retirado el veto que tenía interpuesto contra la ley de Congreso que autorizaba a los ciudadanos americanos parientes de las víctimas de las matanzas de las Daesh en aquellas lejanas tierras, para que pudieran acudir a los tribunales americanos para pedir compensaciones del gobierno de los emires de Arabia Saudí.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, observamos como España, a pesar de los últimos acontecimientos que han tenido lugar los días pasados, sigue con la espada de Damocles pendiente de la cabeza de los españoles, que no acabamos de encontrar una explicación verosímil a una situación a la que no se le ve otra salida que la de otras elecciones y, aun así, no tenemos ninguna certeza de que los resultados que de ellas pudieran salir, sirvieran para que se constituyera un gobierno estable, pro europeo y de personas sensatas, que se preocuparan de los españoles y de su bienestar, en lugar de estar pendientes de sus intereses partidarios o del bolsillo de los políticos que han confundido la función pública que les corresponde desempeñar en bien del pueblo, con la obsesión enfermiza de querer aprovecharse de las circunstancias por aprovechar la circunstancia para imponer sus ideas o, aún peor, enriquecerse a costa del erario público. O así es como lo vemos.
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