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Del presunto agresor de H. Tertsch
Mario López
Bueno, pues ya sabemos quién es el presunto agresor de Hermann Tertsch: don Ramón Narváez Gandarias, vecino de la madrileña calle de Hermosilla y propietario del bar de copas Abarote, sito en la calle Lagasca; vamos, un chico bien del barrio de Salamanca. Y digo yo, ¿será este animoso empresario fan del Gran Wyoming? Pues no sé yo.
Consultando Google, la única información que he conseguido recabar de este señor es que fue multado por incidentes ocurridos en su bar, que fue condenado a pagar unos dineros por haber abandonado a dos ponis y a dos caballos, exponiéndolos a morir de inanición, y que firmó una carta de apoyo a Andrés Pajares en la que se pueden apreciar rarezas ortográficas tan inusitadas como "eres" del verbo "ser" escrito con "h"; se ve que Ramón es hombre curtido en las heras. Conocida la catadura del agresor y la afición del agredido a las noches de vino y rosas, pienso que el altercado que llevó al flamante periodista de Telespe a perorar sus noticieros en pijama, desde su lecho de dolor, fue una milonga; "cosas que pasan" que diría el desaparecido cantor argentino Jorge Cafrune. Cuando dos personajes de la noche tan cojonudos y sobrados como Hermann y Ramón coinciden en la barra de un bar a las cinco de la madrugada, la cosa puede cobrar la naturaleza de esa famosa conjunción astral de la que hablaba la socialista Pajín. El ciudadano Tertsch, en cambio, nos quiso hacer creer que el incidente era el exponente al que se ha elevado la violencia ideológica de este país desde que lo rige Rodríguez Zapatero. Pero me temo que el furibundo informador se ha equivocado de medio a medio. La cruda realidad nos dice que Hermann no despierta la menor pasión ideológica en ser humano alguno. Aunque sí ha sido capaz de soliviantar a un perdulario pijo de la zona "nacional" de Madrid de la que el propio Hermann es un buen representante.
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