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El Príncipe de la Paz

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
jueves, 7 de enero de 2010, 00:48 h (CET)
Nada, que a pesar de ser investido inmerecidamente como Príncipe de la Paz, todavía tiene Obama más de rana que de príncipe, o al menos como tal nos ha salido. No sólo no ha servido de nada otorgarle inmerecido premio como adalid de una Paz que no entra en sus planes, sino que cada vez que abre la boca este guerrero de la demagogia nos croa nuevas y más terribles guerras. Ahora, por lo que se ve, te llega el turno a Yemen, a África y vaya a saber a qué otros lares más, sin dejar por ello deshabitado Guantánamo, cesar en su degollina de Afganistán, aflojar en el lío en trámite de Colombia (América Latina) y todo eso.

Lo del Nóbel de la Paz ya se vio que es nada más que para cumplir con el estándar de las profecías y ajustarle el traje de Príncipe de la Paz con que estaba augurado su advenimiento; pero ya se ve que sus intenciones, como no podía ser de otro modo, van por otros derroteros que nada tienen que ver con ella, y sí con echarse el planeta al coleto para investirse en Rey de este Mundo, verdadero título nobiliario que le corresponde, como hemos sabido en estos días de asueto navideño.

Unos días que algunos hemos utilizado para ponernos al día y actualizarnos acerca de los asertos difundidos por este excelente orador que ha trastocado todos los principios que nos regían, firmemente apoyado, formado y construido con el coadyuvante de todos los poderes negros que han puesto al planeta y a la sociedad, históricamente, contra las cuerdas. ¡Guerra!, es la voz a la que le va tomando afición especial, y ya nos promete una sucesión interminable de Estados fallidos a los que quiere multiplicar por todo el orbe mundo, de modo y manera que sean la piedra angular como Rey de este Mundo para dentro de un par de años, cuando se corone como tal en la mismísima Jerusalén.

Nacido en las exactas antípodas de ese Jerusalén Bíblico, en esa misma zona donde Dante ubicaba el Purgatorio (creo yo que quedándose corto), ha ido asumiendo poco a poco todos los roles que le correspondían, y hasta ha desfilado en triunfal entrada en el poder no a lomos de un asno, sino de la mismísima Bestia, una automóvil blindado desde el que era aclamado por la multitud como Rey de este Mundo por quienes echaban a sus pies las palmas de su sometimiento y las alfombras de su ciega obediencia. Antípodas, en fin, de todo lo que era asta ahora, para los nuevos tiempos que corren. Desde entonces, ya ha departido por los doctores en el Templo y les ha maravillado con su sapiencia, al tiempo que ha ido imponiendo su criterio mesiánico para que los bindundis, como España, le rindan pleitesía y obediencia, incluidas con las criaturas góticas o gores.

Los ojos son para ver, el cerebro para razonar y la información para sentar las bases de un adecuado razonamiento, y poco ha hecho este Príncipe de la Paz por la Paz, más allá de llevar las revueltas a Irán, revolver y agitar el siempre conveniente avispero terrorista que le faculte para nuevas intervenciones y convertir a América Latina en un objetivo a ser batido y a Pakistán en un tutifruti revolotum nuclear del que pueda saltar la chispa que le justifique para encender el fuego sagrado del exterminio. Ya podemos colegir que lo Vietnam se asienta en Afganistán, acaso siendo aquello el entrenamiento de esto, pues que las matanzas de civiles se sostienen firmes y continuas, en la misma línea de Iraq, no habiendo cosas más parecidas. Lejos de sembrar paz, armonía o entendimiento con sus acciones guerreras, establece el caos y la muerte allá donde señala con su dedo.

Miedo da este hombre en muchos sentidos, en casi todos, y es más que probable que todo esto no sea sino el necesario escenario de su coronación. Apenas han pasado unos meses desde que las naciones se pusieron a sus pies, y ya se anuncian en el horizonte más horrores que ventajas, vislumbrándose un Novus Ordo Seclorum que abarca desde nuevos e inflexibles órdenes económicos mundiales al establecimiento de un gobierno mundial… dominado por él, claro. Las voces que eran susurros han escalado ya a los telediarios y han desbordado Internet, siendo ya una comedilla que tiene más de globo sonda que prevea los problemas o reticencias sociales que comportará ese movimiento de jaque-mate, que un simple desvarío de iluminados o de radicales religiosos. Demasiadas antípodas hay con lo existencialmente válido en los últimos milenios como para no ver que nos estamos jugando algo más que las barbas.

Obama, Mabus, ha sido planificado en sus menores detalles, y el programa se va cumpliendo con una precisión de reloj suizo. Da un poco de miedo pensar en un próximo futuro, especialmente después de que ya advirtió a quienes quisieron escucharlo que tenemos ante nosotros una etapa larga, dolorosa y difícil, y todo ello cuando según los medios remite la crisis. Una crisis que no remitirá, porque nuevas tormentas guerreras empañan el horizonte de todo el globo, y en lo eléctrico de la atmósfera se puede sentir cómo la globalización del poder político y económico están cuajando por instantes. El Rey de este mundo, no lo duden, está haciendo los ensayos de su coronación. Al tiempo.

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