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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Vivir el presente

Jim Hoagland
Jim Hoagland
jueves, 7 de enero de 2010, 00:38 h (CET)
WASHINGTON - Escucha, Israel: ahora no. Obama, no permitas que el capricho de la opinión pública dé tu brazo a torcer. Putin, deja de proteger a asesinos, y eso incluye a los que te quitan de encima a los picapleitos entrometidos. Sarkozy, tu energía e irreverencia son deslumbrantes, pero ¿qué tal algo más de perseverancia, cher ami?

Señor, qué a gusto me he quedado. Desorienta al principio. Durante 25 años he trabajado como reportero y editor y cobré por mantener mis opiniones al margen del periódico. Durante las dos últimas décadas, The Washington Post y los clientes de su Writers Group me han pagado por poner mis opiniones donde ellos ponen su dinero - por decir a los grandes, y a los meramente pomposos, lo que pienso de sus acciones y políticas.

Ambas circunstancias me ofrecieron la oportunidad de continuar una educación que comenzó en una escuela de tres plantas y siete cursos del Carolina del Sur rural. El periodismo me permitió y obligó a estudiar políticas, diplomacia, económicas y, sobre todo, la naturaleza humana. Escribir para un periódico es igual que examinarse todos los días de trabajo.

Los puntos comunes son las limitaciones insalvables de tiempo y espacio, expresadas en la ley férrea de cumplir el plazo de entrega con independencia de las circunstancias físicas o mentales. "Al menos nadie nos dispara ahora mismo", solían decirse los corresponsales extranjeros de antaño mientrás nos dirigíamos a la sitiada oficina de correos de Port Harcourt, Nigeria, o la oficina del censor de El Cairo o en Jerusalén, a enviar las crónicas por telégrafo.

Fin de año parece ser el momento adecuado para volver a configurar las constantes. En lugar de que sea el plazo de entrega lo que modele la idea y la encaje a la fuerza en segmentos de 750 palabras, ahora quiero que sea la idea la que modele el plazo. Voy a trabajar en proyectos a largo plazo, como redactor externo del Post, y en un libro. En ésta la última columna sindicada, quiero agradecer a los lectores su apoyo e interés, y a mis mentores y colegas de todo el oficio su inmensa contribución a una vida profesional feliz.

Extraña idea, esa. Los periodistas de redacción se cuentan entre los seres más individualistas, sobreviven de la gratificación del ego instantánea fruto de una nota destacada, superando a la competencia o preparando una página bien diseñada.

Y sin embargo - montar un periódico es el esfuerzo de colaboración más intenso que acometen los humanos a este lado de la guerra, el sexo o el béisbol. Redactores, editores, jefes de redacción y vendedores de anuncios entre otros participan en un feroz toma y daca diario a medida que se acerca el milagro de la impresión. Todos aplauden, más o menos juntos, o nadie aplaude.

El periodismo es presente, no el ayer. Por tanto, ofrezco algunas reflexiones contemporáneas en lugar de recuerdos mientras nos disponemos a demostrar que los periodistas curtidos no mueren, solo escriben de forma más cruda.

En primer lugar, un poco de asesoramiento (por si no tuvieran bastante con el de un mundo que se comporta como un matón) a los israelíes al evaluar si atacar el programa nuclear de Irán: ahora no. El régimen de Teherán se vale de la represión para hacer frente a las justificadas iras y el desprecio que despierta entre la población de Irán. Los fanáticos en el poder prefieren imponer en lugar de negociar. Que esta revolución siga su propio curso antes de actuar, si hay que actuar.

No hay gente en el mundo más generosa, cálida, terca, irritante, inspiradora y exasperante que los israelíes, a excepción tal vez de los árabes. Voy a echar mucho de menos deciros a los dos regularmente lo que tenéis que hacer, sabiendo que no existe la más remota posibilidad de que no se os haya ocurrido ya y de que no hayáis decidido que no si se puede evitar.

Mi salva al Presidente Obama en el encabezamiento se debe al gran respeto y la esperanza puestos en su presidencia. Puede ser un gran líder si deja de prestar tanta atención a los ayudantes obsesionados con los medios de comunicación que confunden política con intereses electorales y manipulación con estatismo.

Las reacciones vacilantes de Obama a las protestas ya constantes en Teherán siguen siendo inquietantes. No parece que respondan al ritmo y la magnitud de las propias protestas, sino a la cantidad de cobertura que reciben aquí y el potencial de quedar expuesto a las críticas. En el caso del presunto terrorista nigeriano, también hay ecos de reacción oficial adaptada a la cobertura mediática y el ataque partidista a través del repentino estallido de rabia pública del presidente y las promesas de corte Bush de castigar a los autores intelectuales del terrorismo. Pero son defectos que este presidente con talento puede superar fácilmente siempre y cuando los reconozca.

En cuanto a Putin y Sarkozy... ¿QUÉ? ¿No me queda espacio? Vale. (¿Ve lo que quiero decir?)

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