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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Ahora es el sarao de Obama

Kathleen Parker
Kathleen Parker
jueves, 7 de enero de 2010, 00:37 h (CET)
Al empezar el nuevo año, se plantean dos hechos: George W. Bush está oficialmente jubilado como chivo expiatorio de los problemas del país, y Barack Obama es quien lleva la batuta. Tanto si le gusta como si no.

Todo presidente merece un año de gracia para adaptarse al puesto y acomodarse a su delicado ritmo. Al cumplirse el primer año de Obama - casi de golpe, gracias a un nigeriano solitario que encontró el amor en la yihad - concluye su período de gracia.

De hecho, dependiendo de cómo responda a una violación de la seguridad que casi derriba un avión comercial procedente de Ámsterdam con destino a Detroit, la presidencia Obama corre el riesgo de verse anulada prematuramente.
Si a Bush pueden achacarse los errores de conexión que ayudaron a permitir los ataques terroristas del 11S transcurridos ocho meses de su administración, entonces Obama puede ser culpado con justicia de la incompetencia que permitió a un yihadista inadaptado abordar un aparato con explosivo en polvo.

La banalidad de nuestro ataque frustrado más reciente es casi demasiado fácil para aprovecharse, pero puede valer. ¿El hijo de un banquero de Nigeria, lo que será chocante para todos los que nos hemos visto inundados por correos spam de presuntos banqueros nigerianos prometiendo fortunas, que se mete explosivos en sus calzoncillos? ¿Qué es, un personaje de animación sacado de los dibujos animados?

Si no fuera todo tan sangrientamente horrible, el incidente sería ridículo.
Lo que, al pensar en ello, es la evaluación justa de los resultados iniciales de la administración Obama frente a un ataque terrorista potencialmente catastrófico. Los puntos que había que unir estaban puestos a huevo. ¿Tuvimos motivos alguna vez para encomendarnos a la buena suerte?

La seguridad nacional nunca se consideró el punto fuerte de Obama. Ya en septiembre de 2008, si me permite citarme, escribía: "Me preocupa que Obama no sea tan riguroso en la lucha contra el terrorismo como en la lucha contra el libre mercado. ... Me preocupa la sobre-intelectualización de Obama - que se pierda en un cacao mental y no tome decisiones claras cuando sea necesario".
O que se pierda en un campo de golf, como puede ser el caso.

La respuesta tácita vacacional de Obama desde Hawai vio la luz igual que con el Katrina - con cerca de dos días de retraso - y distó mucho de ser tranquilizadora. Nosequé de seres humanos y sistemas que fallan. Bueno, vale, un parche y andando. Aguanta el tipo.

El frío distanciamiento que resultó tan atractivo cuando sus rivales electorales se volvieron molestos, se está volviendo molesto rápidamente. Imperturbable por naturaleza, su comportamiento en estas circunstancias roza lo inapropiado. ¿Qué hace falta para que Barack Obama muestre algún rasgo de humanidad? No es que necesitemos ampulosidad y rimbombancia. La tranquilidad ante un desastre potencial es loable, pero hay una línea muy fina entre la tranquilidad ejecutiva y la indiferencia pasiva. Como si fuera un DJ sordo, Obama sube la música mientras los asistentes a la fiesta quieren a John Philip Sousa.

Sin embargo, se están tomando medidas, se nos dice. Se están realizando investigaciones y se están tabulando informes. Pronto se tomarán decisiones en cuanto a si se bombardean o no las plazas de al-Qaeda en Yemen o si se insiste o no en que los pasajeros de las aerolíneas saquen las Britneys que llevan dentro y pasen sin ropa interior los controles de seguridad.

El registro integral de las cavidades no andará muy lejos de la mente de los burócratas más interesados en crear una falsa sensación de seguridad que en sacar conclusiones simples de las alarmas que sonaron hace poco en número suficiente para explicar un "Aláhu ajbar" en medio del campo de fútbol.
La principal pista eran las denuncias del propio progenitor del sospechoso, que tanto en persona (dos veces) como al teléfono con funcionarios estadounidenses, denunció que su hijo se había radicalizado y podía ser peligroso. Un informe de la CIA que describe los problemas aparentemente no llegó a los alambicados canales de la Inteligencia hasta después del ataque frustrado el día de Navidad.
¿Por qué? Fue exclusivamente para esa coordinación que la administración Bush creó hace cuatro años la Oficina del Director de Inteligencia Nacional (ODNI), que el pasado abril era objeto de las críticas de su entonces inspector general, Edward Maguire - apenas unos días antes de ser reemplazado. El informe de Maguire puede dar la respuesta más simple a lo que salió mal.

Además de criticar la cantidad de tiempo que pasan los jefes de la Inteligencia informando a la Casa Blanca y al Congreso en lugar de dirigir el aparato de la Inteligencia, Maguire criticaba a la ODNI por mala administración financiera y sobrepeso burocrático.

Para ser justos con Obama, los resultados de Maguire fueron completados antes de que el presidente fuera investido, pero no fueron publicados hasta abril. Aun así, Obama ha tenido mucho tiempo para modificar el sistema al que ahora culpa del atacante de la ropa blanca.

La pelota está en su tejado ahora; es hora de dejar las excusas.

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