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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Napolitano tantea la Administración

David S. Broder
David S. Broder
martes, 5 de enero de 2010, 19:39 h (CET)
WASHINGTON - La mayoría de los estadounidenses echaron su primer vistazo prolongado a Janet Napolitano, la Secretario de Seguridad Nacional, el fin de semana pasado. Después de que un pasajero a bordo de un vuelo de Northwest Airlines procedente de Ámsterdam encendiera una llama mientras el aparato enfilaba la vertical de Detroit, con intención al parecer de volarlo en pedazos y matar a todo el pasaje, hacerse cargo de la respuesta federal era responsabilidad de Napolitano.

No será una sorpresa para nadie que la conozca que Napolitano capeara el incidente y sus consecuencias con aplomo. Desde que la conocí hace años, ha manejado todos los retos que se le han presentado con la misma calma fría que manifestó en este caso. Si hay alguien en la administración que encarne la debilidad del Presidente Obama por la competencia discreta sin "aspavientos", esa es Janet Napolitano.

Estuve presente mientras hacía la turné de entrevistas matinales el domingo, exponiendo lo que sabía acerca del presunto terrorista y negándose religiosamente a especular el torno a los muchos flecos que quedaban por investigarse. Está siendo criticada por decir que "el sistema funcionó", pero su aportación a la respuesta del sistema sí funcionó.

Debe de haber sido todo un trago para ella. Estaba en San Francisco, lejos de su oficina de Washington, y no habría dormido en toda la noche. Pero sus ojos eran lúcidos y su voz tranquila. Todo parecía completamente normal, excepto que su habitual sentido del humor brilló por su ausencia, como no podía ser de otra forma dadas las circunstancias.
Recordé de nuevo la ocasión en que la conocí. Un buen amigo del gabinete del difunto Representante Morris K. "Mo" Udall había terminado trabajando para Napolitano. Durante una crónica en Arizona, llamé a su asistente y ella sugirió reunirse con Napolitano para un almuerzo en Phoenix.
Napolitano estaba inmersa en unas primarias a la gobernación y escogió un restaurante mexicano local donde la calidez de la bienvenida de la que fue objeto dejó claro que había estado allí muchas veces. Hablamos de su campaña y, más en general, de la política local de la costa oeste.

Fue evidente desde la primera conversación que Napolitano tenía una opinión firme de sí misma y del curso que se había marcado. Su principal rival se presentaba desde su izquierda, pero Napolitano entendía que sus credenciales como antigua representante de la fiscalía de Arizona, designada por el Presidente Clinton, tenían más peso a la hora de alcanzar la gobernación del estado natal de Barry Goldwater y John McCain que cualquier agenda progre.

Su instinto le ordenó desplazarse al centro, y confiaba lo bastante en sus posturas como para no lamentarlas. Lo que más me impresionó en esa primera reunión fue su falta de cautela. Rápidamente nos encontramos hablando como si nos conociéramos de siempre, y sus comentarios eran tan sinceros como astutos.
Pronto se convirtió en una de mis figuras políticas favoritas de cualquier partido. La vi principalmente en las reuniones semestrales de la Asociación Nacional de Gobernadores, donde era objeto de cálidos recibimientos en ambas partes del hemiciclo, y en crónicas ocasionales en Arizona.

Durante 2008, instaurada en su segundo mandato como gobernadora, su apoyo fue solicitado por todos los aspirantes Demócratas a la presidencia. Bill y Hillary Clinton tenían poderosos aliados en Arizona, especialmente en la comunidad latina. Pero yo sabía gracias a nuestras conversaciones que Napolitano tenía muchas reservas de que la senadora de Nueva York, con sus posturas izquierdistas de manual, pudiera derrotar a McCain - cuya independencia Napolitano siempre respetó.

Napolitano se había tomado mucho más tiempo que Obama en cuestionar la guerra de Irak en público, pero realmente no fue ninguna sorpresa que diera su apoyo anticipado al joven senador de Illinois. La confianza de él en ella prosperó cuando ella hizo suya la labor de convencer a la Convención Nacional Demócrata - una tarea potencialmente difícil que logró sin despeinarse.

El gabinete Obama está lleno de talentos, pero muchas de las estrellas tienen una edad o un carácter que les convierte en candidatos improbables a sucesor. Napolitano se enfrentará a muchas pruebas de fuego - no sólo en materia de terrorismo, sino a la hora de jugar un papel relevante en la reforma de la inmigración - antes de ser candidata a lo que sea. Pero su potencial es casi ilimitado.

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