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Zigic y Unai Emery, una difícil relación deportiva

Herme Cerezo
Herme Cerezo
lunes, 4 de enero de 2010, 07:04 h (CET)
Anoche, durante el encuentro frente al R.C.D. Español de Barcelona, el hecho se volvió a repetir de nuevo. Faltaban 29 minutos para terminar el encuentro. Marcador cero a cero. El Valencia, quizá más espeso que otras veces (ya saben, turrones, fiestas familiares, copas, incidentes discotequeros, etcétera), no encontraba portería aunque lo intentaba. En un arranque de lucidez, Unai Emery, coach del equipo xé, decidió darle esos veintinueve minutos a Zigic. Y acertó. ¿Acertó? Ésa y no otra es la pregunta que me hago desde que el árbitro, por cierto en una actuación para olvidar, señaló el final del partido. Y la única respuesta que encuentro es que realizó la sustitución porque, viendo lo que quedaba en el banquillo, no tenía otro remedio. Lo bueno para el Valencia es que la cosa salió bien y un remate postrero del jugador serbio acabó con el balón en las mallas y los tres puntos en casa.

Hace meses que vengo advirtiendo que Emery no es un buen gestor de vestuario. La temporada pasada escribí un artículo sobre Pablo Hernández, al que la casualidad, no el entrenador vasco, en forma de lesión de un compañero, llevó a la titularidad y que ahora, afortunadamente, se ha convertido en un jugador indispensable, lo cual no quita para que si Joaquín está en buen momento, como parece que se encuentra últimamente, juegue lo que le corresponda. Con relación al asunto del andaluz, hace unos días, en Génova, Emery le sustituyó por Jordi Alba cuando quedaban dos minutos y medio del tiempo de descuento, lo cual, lógicamente, provocó el cabreo de Joaquín, aunque no lo manifestase de modo ostensible, porque una vez más no podía concluir un partido completo sobre el césped. Y a Jordi Alba, ya me dirán qué le aporta jugar dos minutos y medio del tiempo añadido. Con este cambio, Emery lo único que hizo fue meter en cancha a un jugador "en frío", poniendo en riesgo un resultado favorable por falta de "ambientación" del recién entrado y porque los árbitros, cuando hay una sustitución en las prolongaciones, suelen añadir algún minutito extra que eterniza la agonía. Tiempo atrás, Unai también tuvo sus más y sus menos con Miguel, que llegó a manifestar que quería abandonar el Valencia. Luego dejó marchar a Renan, cedido al Xerez, porque le gustaba más Moyá, un portero que no juega y por el que el Valencia ha pagado cinco kilos al Mallorca. No voy a citar los casos de Miku o de Michel, ¿qué ha hecho el de Burjassot para ser defenestrado de la noche a la mañana? De titular a desaparecido, de héroe a villano, del Olimpo al olvido.

Lo ocurrido en el partido de ayer ante el Español fue un acontecimiento, ya que Emery, por fin, decidió otorgarle media hora a Zigic para solucionar el partido, cuando normalmente le da siete u ocho minutos para que lo haga. Y claro, eso no ocurre, porque los milagros los agotó un señor que murió en la cruz por ello. Miren, el Valencia tiene la suerte de contar con cinco o seis jugones que la tocan bien, son rápidos, crean peligro y ven puerta (no termino de entender por qué sólo juegan a la contra, cuando sus homónimos del Barça lo que más anhelan es poseer el balón, entre otras cosas porque así defienden menos y no se cansan tanto, y atacar, atacar y atacar, metiendo, si pueden, un gol tras otro) y, además, tiene la fortuna, fortuna pagada a golpe de talonario en su día, de contar con un gigantón serbio que le aporta al equipo la solución del juego aéreo, una opción que el Valencia debería trabajar mucho más para que cuando los jugones no tienen su día, los remates de cabeza y los rechaces que puedan derivarse de este sistema, se conviertan en una alternativa más que aceptable. El Valencia tiene buenos centradores, otra cosa es que el entrenador les enseñe a los laterales qué significa desdoblarse (hay que hacerlo por la banda, no por el interior del área), y su conjunción con Zigic sería buena como segunda opción táctica, sobre todo ahora que Silva está lesionado. No está el equipo blanquinegro para desperdiciar nada. Sin embargo, mucho me temo que el jugador serbio continuará siendo carne de banquillo, porque su relación con el entrenador es difícil no en el terreno personal, sino en el deportivo.

Tras el gol de ayer, el vestuario, con sus abrazos y apretujones a Zigic, y la grada, coreando su nombre, le dijeron al entrenador que están con el delantero de los dos metros por mucho que él se empeñe en no ponerlo. Zigic ha jugado cinco partidos, no completos, y ha marcado dos tantos que han supuesto seis puntos para el equipo. Sí, sí, de acuerdo, los goles son fruto del trabajo colectivo, pero el que marcó en El Sardinero fue una acción personal del jugador que le robó la cartera, él solito, a un defensa y al portero del equipo cántabro. Y anoche, el propio Zigic bajó con su cabeza un balón al suelo en el medio campo, se lo entregó a Joaquín, echó a correr hacia la portería contraria y aún tuvo tiempo de subir a rematar y marcar con un testarazo suficiente.

Creo que ante tanta duda que genera el señor que manda en el banquillo xé, la directiva del Valencia no debería apresurarse en su renovación. Primero, porque no es momento adecuado para ello; segundo, porque deben seguir estudiando la evolución de las relaciones entre jugadores, míster y afición; y tercero, porque posiblemente, a final de año en Anfield entonen el "bye, bye, Rafa".

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