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Cataluña y Gibraltar, el Estatut y los Tratados de Utrecht
Mario López
El mismo derecho le concedo a España en su reivindicación sobre Gibraltar que a Cataluña a reivindicar su estatus quo anterior a la Guerra de Sucesión. Porque las dos reivindicaciones tienen el mismo origen: los Tratados de Utrecht. Si no fuera porque sé que Groucho Marx nació en Nueva York en 1890 y la Guerra de Sucesión Española finalizó en 1714, afirmaría que estos tratados fueron redactados por aquel insigne payaso después de consumar una ingesta masiva de psicotrópicos.
España y Francia firman el armisticio con Gran Bretaña que, a su vez, firma los tratados de paz con Francia mientras España lo hace con Gran Bretaña, siendo las Provincias Unidas, Brademburgo, Portugal y el ducado de Saboya los que firman la paz con Francia, sin menoscabo de que España firme su propio tratado con el ducado de Saboya, las Provincias Unidas y Portugal, amén de los convenios comerciales con Gran Bretaña . A resultas de todo ello, Gran Bretaña conserva Menorca y Gibraltar (cedidas por España), Nueva Escocia, la bahía de Hudson y Terranova (cedidas por Francia), la isla de San Cristobal del Caribe, el asiento de negros y el navío de permiso, así como el derecho de asiento (concedidos por España). A la Casa de Saboya se le devuelve Saboya y Niza (por gentileza de Francia) y Sicilia (por gentileza de España). Bueno, y muchas más cosas que me callo, pues más parecen sacadas de una partida de Monopoly jugada en casa de los señores condes de Tarín que capítulos serios de la historia de un pueblo que se dice soberano y, además, no caben en una carta. Por lo que concierne a Cataluña (que hasta entonces pasaba por ser un Principado integrado en el Reino de Aragón), el Decreto de Nueva Planta deja abolidas las Cortes y el Consejo de Ciento; sustituye el virrey por un capitán general; divide su territorio jurisdiccional en doce corregidurías, como en Castilla, y no en las tradicionales vegueries, prohibe los somatenes (milicias populares catalanas); establece el catastro gravando propiedades urbanas y rurales y los beneficios del trabajo, comercio y la industria; proscribe el catalán como idioma de la administración y lo sustituye por el castellano, aplicándose desde entonces obligatoriamente en las escuelas y juzgados; cierra las universidades catalanas que apoyaron al archiduque Carlos, traslandándolas a Cervera. Como se puede observar todo muy democrático y liberal. Los que tanto hablan de la disolución de España y se ponen verdes al oír hablar del Estatut deberían estudiar un poco de Historia. Descubrirían cosas verdaderamente sorprendentes como, por ejemplo, que en tiempos del legendario Imperio en el que nunca se ponía el sol, Cataluña gozaba de un mayor autogobierno que en la actualidad ¿Y cómo lo perdió? Con la llegada del Borbón (es por ello que no les cae muy simpático a los catalanes). España nunca ha sido paño de un solo retal sino, más bien, retales malamente entretejidos a los que, de vez en cuando, se les va un zurcido.
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