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Etiquetas:   -   Sección:   Opinión

Amigos de novedades

Las novedades en el campo espiritual no significa mejorar el conocimiento sino el regreso al obscurantismo
Octavi Pereña
martes, 4 de octubre de 2016, 00:33 h (CET)
Parece ser que la Real Academia Española deberá añadir una en su Diccionario la palabra neofilia, obsesión de algunas personas por conseguir la última novedad. “No se trata de una enfermedad”, dice Josep Fita, “más bien es una tendencia desmesurada, casi obsesiva, para tener lo más nuevo en el mercado”.

Los neófilos, los amigos de las novedades se encuentran en todas partes. Es muy punzante la declaración de Tim Cook, consejero delegado de Apple: “Con el iPhone7 te daremos las cosas sin las cuales no puedes vivir y que hoy no sabes que necesitas”. Poseer es una de nuestra características, de nuestra manera de ser y ahora de poseer aquellas novedades que ignoramos necesitamos. Sean teléfonos inteligentes, ropa y otras cosas tangibles que tanto no ilusionan, sin dejar de lado las novedades filosóficas y religiosas. Ser amigo de novedades comporta el peligro, a menudo grave, porque si no se posee el dinero para adquirirlas los daños psicológicos pueden ser devastadores, a menudo irreversibles los daños psicológicos.

Sin menospreciar la neofília por las cosas tangibles, lo que hoy nos interesa es la neofília espiritual porque ser amante de las novedades que se presenten como espirituales que invaden el mercado religioso, indiscutiblemente conducen a transitar por el camino ancho que conduce a la condenación eterna.

El apóstol Pablo encontrándose en Atenas esperando a sus colaboradores, la abundancia del amor de Dios que almacenaba su corazón le impulsaba a reunirse “en la sinagoga con los judíos y piadosos (gentiles atraídos por el judaísmo). Y cada día en el Ágora con los que estaban allí. Y algunos de los filósofos epicúreos y estoicos discutían con él, y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses, porque les predicaba el evangelio de Jesús y de la resurrección. Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos saber qué quiere decir esto. (Porque todos los atenienses y los extranjeros residiendo allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir u oír algo nuevo” (Hechos 17: 17-21).

Interesarse por las novedades religiosas no significa preocuparse por la salvación del alma. Parece ser que a los atenienses les gustaba reunirse en el Areópago para debatir cuestiones filosóficas-religiosas por el placer del debate nada más. Entre otras cosas el apóstol les dice: "Pero “Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de la ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan, por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará el mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (vv. 30,31).

Pablo no aceptó la invitación de ir al Areópago con el propósito de mantener un combate dialéctico sobre temas filosófico-religiosos, sino para despertar sus conciencias con la verdad del Evangelio. ¿Cómo reaccionaron los atenienses amantes de las novedades ante el anuncio del Evangelio? Lo hicieron así: “Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez” (v.32). Los atenienses tenían oídos para oír, pero no oían.

En el antiguo Testamento el reino de Judá estaba pasando por una grave crisis político-social-religiosa por haberse sublevado contra el Rey que les había dado el reino en vasallaje desde el tiempo de Moisés. Por medio del profeta Jeremías el Rey les dice: “Paraos en los caminos, y mirad, preguntad por las sendas antiguas, cual sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos” (6:16).

Pablo, a los atenienses; Jeremías, a los judíos, ambos dicen a sus oyentes el Evangelio eterno, el misterio escondido en el corazón de Dios que en su momento fue revelado por los profetas y en el cumplimiento del tiempo por el unigénito Hijo de Dios encarnado en la persona de Jesús. Tanto a unos como a los otros, el rechazo los destruyó como naciones. Lo mismo ocurre hoy. La grave crisis multifacética que nos aflige se debe al rechazo que la sociedad actual hace a Jesús el Hijo de Dios que se hizo hombre para salvar al mundo de sus pecados. Debido al rechazo de Jesús de la sociedad actual nos vemos inmersos en la grave crisis política-social-religiosa de la que no sabemos cómo salir de ella.
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