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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Un deseo para 2010: Criterio

Sergio Brosa
Sergio Brosa
sábado, 2 de enero de 2010, 13:41 h (CET)
Fue Jaime Balmes quien escribió todo un tratado sobre el criterio, del mismo nombre. Comenzaba diciendo: “El pensar bien consiste: o en conocer la verdad o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad; de otra suerte, caemos en error.” Luego, Balmes se refiere al conocimiento de Dios, pero también nos sirve el discernimiento para conocer otras cosas.

Recuerdo haberlo leído de chico, en aquellas ediciones en miniatura de papel de biblia, de la editorial Aguilar, seguramente. Todos aquellos circunloquios, vueltas y revueltas para hablar del discernimiento y el método para el conocimiento de la verdad. En definitiva, se trata de conocer los distintos puntos de vista sobre una materia para que cada uno se haga su propio juicio sobre algo; de forma honesta y sincera, sin dejarse influir por una u otra opinión.

Que cada uno se forme su propio criterio. O como le decía Santa (Javier Bardem) a Lázaro (Fernando Tejero) en la película “Los lunes al sol”: Criterio es lo que la propia palabra indica: criterio.

Viene a ser algo así como tratar de definir la palabra tiempo. Pues eso, tiempo es el tiempo; todo el mundo lo sabe. Otros lo definen como el paso de los astros por el firmamento, pero en fin, cada uno sabe más o menos de lo que se trata.

Hoy manejamos otro concepto de criterio que sin ser lo mismo, encierra una filosofía paralela: pensamiento crítico. Es el que intenta analizar, desmenuzar, la estructura y consistencia de los razonamientos. No es otra cosa sino tamizar lo que se dice, se oye o se lee para discernir lo que tenga o no de verdad.

Tanto el criterio como el pensamiento crítico pretenden que no acepte sin más cada uno lo que se dice, por mucho que se repita, sin hacer el correspondiente análisis, examen, estudio, razonamiento. Para concluir si las afirmaciones que se aceptan en general sin reservas, sobre las cosas son o no razonables.

Así, tenemos recientemente un claro ejemplo de la corriente general, en la creencia de que hay un cambio climático en la Tierra producida por la mano del hombre. Y de ahí, a Kioto, Bali o recientemente, la cumbre de Copenhagen. ¿Por el hecho de que una entidad política como el IPCC de la ONU diga que el hombre ha cambiado el clima de la Tierra hay que creerlo sin más? ¿Hay que creer que la lista de científicos que publica el IPCC es la única relación de personas de ciencia que saben de estas cosas?

Hay que poner en cuarentena todas esas afirmaciones y tamizarlas por nuestro propio sentido común, apoyado en conocimientos y una cierta inteligencia, claro que no se refiere en este caso al espionaje, como suele denominarse oficialmente a lo que hacen los espías.

Por el hecho cierto de que muchos núcleos de población se vean afectados por la polución ambiental que genera el hombre, no puede trasladarse a que el hombre ha cambiado el clima de la Tierra.

Los calentólogos no hacen sino pedir trasvases de dinero de Occidente a los países más pobres; eso es una buena cosa. Aunque no lo es la razón que se esgrime para ello. Lo que harán esos países con el dinero de los industrializados; es decir, en lo que se va a materializar el dispendio, no está tan claro.

Y del cambio climático podemos pasar a otros campos sociales, como la política. Por mucho que Zapatero dijera que no había crisis, sabíamos que la había. Sólo lo ignoraban sus incondicionales; los que no “tamizan” las verdades absolutas que se les dan como cierta, por el único y exclusivo motivo de salir por la boca del oráculo ZP.

De acuerdo con el último sondeo del pasado mes de noviembre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) dependiente del Ministerio de Presidencia, la tercera preocupación de los ciudadanos es la clase política, los partidos políticos. Qué desatino; quienes han de resolver los problemas de la gente son la tercera de sus preocupaciones, después del paro y la crisis económica.

Ha de ponerse en marcha el criterio de la ciudadanía; el pensamiento crítico. ¿No será tal vez que la forma de elección de los representantes de la soberanía popular es inadecuada? ¿Por qué los más mediocres han de ser los representantes políticos? Todo apunta a que una nueva forma de elección ha de implantarse. Se hace imprescindible una nueva ley electoral que acerque a los ciudadanos a sus representantes políticos y que puedan incluso, llegado el caso, apearlos de la alta magistratura para la que fueron elegidos.

Se impone el criterio para todos los órdenes de la vida. Así pies, mi deseo para el Año Nuevo es criterio amplio y generalizado para racionalizar la vida.

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