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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Nochevieja

Mario López
Mario López
sábado, 2 de enero de 2010, 13:28 h (CET)
Dices tú del beso. Un beso. Dices tú de un asunto baladí. .Pero hasta llegar al beso, a ese beso tan entero que te hace sentirlo en su plenitud, ¿qué no andarás? Hablamos con bastantes complejos de las “fechas señaladas”. Quizá el peso del calendario nos abruma. Quizá. Pero, tal vez, son estas fechas las que nos señalan a nosotros.

Esos nosotros que nos escondemos hasta de nosotros mismos en el absurdo empeño de ocultarnos frente al otro. La política nos salva de lo peor de la selva, pero siempre vivimos en la región umbría de nuestra selva, al amor de ese aire salvaje que nos separa de nosotros mismos, que nos hace fijarnos en un horizonte donde se encuentran los demás. Este fin de año, después de haber cenado estupendamente los alimentos amigos y gozado de su cara más amable, volví a casa en el metro. Un metro lleno de belleza infinita, espontánea, cariñosa. Miles de jóvenes guapísimos, en sus mejores galas de domingo; cuando el domingo les pertenece a ellos; o mejor, cuando el domingo se rinde ante su incontrovertible verdad. Si el metro hubiera sido un mercado persa, los sátrapas del mundo entero habrían muerto de hartazgo. No se puede concebir a tanta gente joven junta entregada en cuerpo y alma al agrado ajeno, aún más que al propio, más que en Nochevieja en el metro de Madrid. Es la generosidad del alba; ese delicadísimo instante que nace espontáneamente para morir en un segundo y dar paso al día, sin esperar nada a cambio.. Jóvenes tan invisibles de ordinario como en una noche son la imagen viva del más delicioso éxtasis. Jóvenes tan llenos de belleza como faltos de arrogancia. Esta Nochevieja, de vuelta a casa, después de una maravillosa cena con mi gente, unos cuantos centenares de jóvenes me han explicado con todo lujo de detalles la razón de nuestra historia; de lo mejor de nuestra historia. Esto de ponerle fecha a la expansión de uno mismo puede que para algunos sea un tedio. Ojalá nunca desaparezca el día en el que lo más bello de nuestros hijos inunda la calle.. Hoy dormiré más feliz (o al menos más contento). Y sé que la felicidad (o el contento) es un ser demente: no atiende a razones sino a un éxtasis imprevisible de uno mismo. Por cierto, hoy completé un beso que llevaba acariciando desde hace algunas décadas. Los años nos quitan todo, pero algo nos regalan.

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