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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

ZP nos lleva a la economía planificada

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 2 de enero de 2010, 13:18 h (CET)
Cuando los socialistas nos empiezan a hablar de “cambio de valores” debemos ponernos a temblar. Por supuesto que no se refieren a cuestiones de ética y moral, en las cuales todo conocemos cuales son sus posicionamientos, tampoco es que hayan decidido entonar un mea culpa por sus pasados errores y piensen hacer “propósito de enmienda”, rectificando esta política nefasta que ha conducido a la nación a la situación de extrema precariedad en la que se halla; no, no, señores, no van por ahí los tiros. Lo que ocurre que, uno de estos defensores de Keynes, uno que forma o formó parte de la UGT y está imbuido de todas estas doctrinas intervencionistas en materia económica, que tantos fracasos lograron cosechar en los países comunistas del Este; ahora, por mor del enchufismo oficial, convertido en asesor de nuestro presidente, señor Rodríguez Zapatero, un tal Antonio González, ha decidido por su cuenta que el sistema capitalista ha fracasado y que lo que procede es darle a España una nueva capa de pintura social, volviendo al sistema estatalista en el que, no se sabe por que divina inspiración, el Estado se convierte en el gran protector, el Gran Hermano, el supremo gestor y el gran director de la vida de los ciudadanos, a través de su participación en todos los aspectos, no solamente públicos, sino privados, del funcionamiento de la nación.

Ya hemos tenido anticipos en algunos intentos de la ministra Salgado, que en otra etapa de su paso por el Gobierno, cuando se ocupaba del aspecto sanitario del país, ya intentó que dejásemos de fumar, que no comiéramos hamburguesas y que nos privásemos de consumir vino, por sus efectos “perniciosos” sobre la salud humana. Lo del tabaco es evidente que lo logró; vamos, que consiguió que se limitara, al mínimo, el espacio para practicar tal vicio menor; porque, lo que es evidente es que, en cuanto al consumo por parte de la ciudadanía de semejante cancerígeno parece, a tenor de las últimas estadísticas publicadas, que ha fracasado estrepitosamente, si es que debemos hacer caso de los datos de las mismas que apuntan a un aumento de los adictos al tabaco de más de 300.000 nuevos enviciados. Ya tenemos en puertas, no obstante, nuevas prohibiciones como pudieran ser la regulación de las temperaturas en establecimientos públicos; el control de Internet; nuevas vueltas de rosca en el tema de la prohibición de fumar, esta vez en todos los locales en los que se presten servicios de restauración y en el resto de locales públicos.Y es que, lo que ocurre con estos defensores de la “libertad”, de los que han venido acusando de oscurantismo y represión al régimen anterior, es que, cuando se trata de entrar a saco en la actividad privada, en la vida de los ciudadanos, en sus familias, costumbres, en sus creencias y opiniones, entonces se les nota el pelo de la dehesa, es cuando descubren sus verdaderas intenciones totalitarias y quedan a la vista sus prácticas absolutistas y métodos jacobinos.

La misma señora Salgado es la que ha ratificado lo que ya nos anticipo este gurú keynesiano de la UGT, es decir, que ya hemos entrado en la fase aquella en la que, por si los españoles no hubiéramos tenido bastante con la desastrosa, absurda y desquiciada política del Ejecutivo, en cuanto al tratamiento de la crisis económica; si no hubiéramos asistido perplejos al progreso imparable del paro –que ha alcanzado, y sigue subiendo, la desmesurada cifra de más de cuatro millones de ciudadanos en desempleo –y al hecho preocupante de que, en un solo año, el déficit del Estado se haya multiplicado por cinco ( de 13.967 millones de euros a 71.534 millones de euros)y el endeudamiento exterior ya nos comporta una carga de más de 23.000 millones de euros de cargas financieras (en concepto de intereses que el Estado deberá pagar en este 2010); ahora, agotado su crédito como gobernantes, pretenden, a través del ICO, entrar a participar en el capital de aquellas sociedades privadas en las que intervengan, para ayudarlas a sobrevivir. Lo curioso es que esto mismo pudieron, en su día, haberlo hecho cuando les prestaron más de 50.000 mil millones de euros a los bancos para que pudieran conceder créditos y, sin embargo, no pusieron vigilancia sobre el destino que los perceptores de las ayudas les daban a los dineros recibidos que, por supuesto, no fueron a parar a las empresas necesitadas de mejorar su liquidez, sino a las arcas de los bancos que las recibieron.

En realidad, si me dejo llevar por mis instintos maquiavélicos y mi natural crítico, pienso que toda esta historia, que se ha desarrollado durante los dos últimos años, tiene todo el carácter de una novela de conspiraciones. Vean por ejemplo el siguiente planteamiento: imaginemos que un gobierno de izquierdas, resabiado y deseoso de revivir anteriores tiempos de la reciente Historia de España, utiliza una crisis oportuna para poner en marcha un plan ambicioso para alcanzar sus últimos fines políticos. Empieza por no querer enterarse de la crisis, permitiendo que ésta llegue y nos coja desprevenidos y debilitados. En lugar de aplicar las primeras precisas para ayudar a aquellos que fueron los principales inductores de la burbuja inmobiliaria, se conchaban con los bancos. Fracasadas de tales medidas se producen, ante la pasividad del Ejecutivo, la caída en cadena de los distintos sectores de la industria, el comercio, los servicios, las pequeñas empresas y otros autónomos, las exportaciones y, así siguiendo, hasta que el paro supera los cuatro millones de ciudadanos, ya en caída libre.

No se pone en marcha un plan coordinado, consensuado, responsable y adaptado a las directrices utilizadas por otros países europeos; al contrario, se pergeñan pequeñas actuaciones; se malgastan en gastos absurdos cientos de miles de millones; se tapan agujeros que generan otros agujeros; se malversan fondos esenciales y se establecen desigualdades abismales entre las distintas autonomías de la nación para, finalmente, ponerse en manos de los Sindicatos que, en este caso, a diferencia del resto de sus homólogos europeos, prefieren recobrar el viejo sistema de lucha de clases antes que apoyar el hombro y reconocer los fallos estructurales que vienen siendo, endémicamente, el talón de Aquiles de nuestra producción. Ahora, cuando todo anda mano por hombro y el tejido industrial se está desplomando por los efectos de una política deslavazada, inconexa y anárquica y, ante la imposibilidad de conseguir créditos y reformas estructurales que las ayuden a recobrar su competitividad respecto a sus rivales internos y europeos; es cuando le llega al Gobierno el momento dulce de ejecutar su plan de estatalización de la producción. Para ZP le ha llegado la ocasión de meter mano a los empresarios, valiéndose de su debilidad, de su desánimo y de su necesidad de árnica financiera para que, por medio del ICO y bajo la excusa de financiar las inversiones empresariales (¿por qué no lo hizo hace un año cuando le hubiera resultado más fácil evitar el deterioro que han sufrido las empresas abandonadas a sus problemas y sin posibilidades de acceder al crédito bancario?), poder hincar la zarpa en sus capitales, entrando en ellos por medio de acciones preferentes, que le van a permitir controlarlas. El milagro de la economía “sostenible” acaba por desvelarse, tal cual es en realidad. El Estado ha regresado a sus antiguas prácticas y el keynesianismo se va a convertir en la réplica socialista del famoso INI del tiempo del “denostado” franquismo. Solo que, entonces, el Estado suplía las carencias de las empresas privadas y ahora se vale de ellas para favorecer las aspiraciones totalitarias del señor ZP.

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