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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Hallazgos vitales

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
sábado, 2 de enero de 2010, 13:15 h (CET)
Me refiero a los descubrimientos que van con la propia vida y la realzan. Desde las edades más tiernas a los carcamales vetustos, no cesamos de abrir los ojos a nuevas realidades, son apariciones continuas. Es una ley de vida que traduce una gran parte del dinamismo humano.

No estamos hechos como una balsa de agua tranquila, nos constituyen partículas y células en constante AGITACIÓN, que lejos de atenuarse pronto, se incrementan hasta las enormes iniciativas originadas por las funciones psíquicas, se revolucionan con los entornos inestables.

Marcados por los cambios e incertidumbres, no nos resulta fácil la obtención de algún recodo apacible, los remanso están cada vez más caros, por su escasez; en la vida moderna de ajetreo y apresuramiento. Se olvidan los conceptos afines a la tranquilidad.

Si uno se instala en una pretendida paz duradera, de sopetón le despiertan los encontronazos, regresamos enseguida a los remolinos. En el primer indriso reflejo estas circunstancias de choques reiterados, de las contrariedades reinantes:

¡QUÉ CONTRARIEDAD!

Si del sosiego persigo el remanso
En torno brujulea la inquietud terca.

La intuición me dibuja un tramo manso,
Aunque tal hallazgo nunca se acerca;
Se requiere acción con poco descanso,

Por que los tropiezos están muy cerca,
Y el mero conformismo hace de ganso,
Ante el contraste que agita la alberca.

No podemos huir del siguiente hallazgo, ya que el aislamiento es una de las situaciones imposible y radical. Vivimos asociados a los demás, de una manera o de otra, pero en una conexión constante.

Somos cómplices voluntarios o involuntarios de las vicisitudes comunes. Por desgracia, es excesiva la colaboración e influencias con la tendencia a la provocación de agitaciones mayores, de insatisfacciones y frustraciones. Destino cruel o negligencia a nuestra vera.

Aboguemos por una lucha decidida a favor de la MAYOR SINTONÍA, con el acercamiento de las vibraciones, con mayor grado de satis, en busca de los gramos necesarios de felicidad. Hacia que lado dirijamos esas acciones, marcará el grado y valor de la colaboración. Por eso:

COMPLICIDADES

Palabras vanas no cuecen condumios,
Si nos salpican gritos estridentes,
Agreden los sosiegos necesarios;

Apenas suenan cuando son susurros.
Conviene cambiar los gestos hirientes
Por toques de vibración compartidos.
La complicidad se demuestra con los
Contactos de trazos bien diferentes.

La abulia y el aturdimiento paralizantes, no conducen a nada bueno, en todo caso, a un incremento en el uso de antidepresivos. La decisión personal inhibida conduce a la atrofia y al hundimiento. Si algo nos reconforta es el sentimiento de participación activa, con los familiares, el trabajo y las diversas ocupaciones estimadas por cada sujeto.

El verdadero arte es cercano e íntimo, pone en contacto enérgico a los entresijos de cada persona con sus logros y actuaciones. Ese toque propio es el mayor generador de ilusión, favorece el entusiasmo vital. El DUENDE portador de esa genialidad, queda ahogado por las miserias de todo tipo. ¿Por qué no lo estimularemos en las escuelas y familias, en fiestas o en horas penosas? Si lo encontramos, será:

¡ GENIAL !

Cuando uno decide coger el pincel,
Lo íntimo y lo público va por un riel.

Siempre alcanza para un descubrimiento
De ternura, de auténtico cascabel,
Con mis partículas en franco tiento.

Gozo y cruz ocupan el mismo dosel
Magia sin par en un tacto que siento.
De acción y gesto, con la presencia fiel.

Qué diría D. Quijote atribulado por las geografías de esta Península Ibérica en el dos mil. ¿Quedaría acomplejado al ver las locuras actuales? ¿Se recluiría con el Inserso en Barataria? Le saldría humo por cada poro de su cabeza y es probable que comenzara a bailar la tarántula. Precisamos de uno de estos genios superlativos, porque las andanzas al uso, lucen ropajes un tanto andrajosos.

A dónde iremos a parar si no conseguimos alguno de esos maravillosos descubrimientos; nadie lo sabe, la estulticia humana parece no detenerse. Agarrémonos al sueño de la vida, que nos permita ALGUNA LUZ esperanzadora.

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