Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Tras la década del habría que, la rabia de la próxima

Ruth Marcus
Ruth Marcus
miércoles, 30 de diciembre de 2009, 19:00 h (CET)
WASHINGTON -- Ésta fue, a nivel nacional y mundial, una década pésima. Odio tener que poner un freno a su juerga, pero la próxima tiene muchas probabilidades de ser peor.

Nunca se le llegó a poner nombre, pero es una pena que esta década no se llamara la del "habría que haber", a causa de lo mucho que habría que haber hecho y no se hizo: controlar el gasto social, reducir el calentamiento global, proteger las cabezas nucleares que andan sueltas. La próxima década se consumirá recuperando el tiempo perdido.

La revista Time declaraba hace poco esta década "la del infierno" al tiempo que predecía que la próxima será mejor. Me gustaría convencerme de ese escenario optimista. En lugar de eso, sigo quedándome con mi pesimismo.

Pesimismos, en la práctica: El panorama fiscal poco halagüeño. La última década amaneció con la visión deslumbrante de miles de millones en inventario y una preocupación desacostumbrada por reducir la deuda con demasiada rapidez. Esos inventarios siempre se llevaron como oro en paño. Pero el Presidente George W. Bush aplastó todo obstáculo a los recortes fiscales, a un nuevo programa de prestación a las recetas médicas que no contaba con recursos de financiación -- y a más recortes fiscales frente a dos guerras caras.
El resultado es una sobrecogedora deuda nacional que ha saltado de los 3,4 billones de dólares en el año 2000 a los 7,6 billones. Cuando la crisis económica hizo acto de presencia, el país disfrutaba de cierta flexibilidad fiscal con la que responder a través del gasto masivo con el fin de compensar el ciclo bajista. La próxima vez, nuestra capacidad de abrir la cartera nacional puede verse limitada por los acreedores extranjeros. Cincelar esta montaña de deuda -- en el mismo momento en que una población que envejece ejerce más peso presupuestario -- es imprescindible e increíblemente difícil a la vez. Lo que conduce al siguiente pesimismo:
El disfuncional sistema político. El Congreso es "la rama averiada del gobierno", como han dicho Norman Ornstein y Thomas Mann. Los legisladores parecen incapaces de ir más allá del interés político en aras del bien común. La atmósfera del partidismo se ha vuelto venenosa. La Cámara se divide en extremos reforzados a través del diseño de distritos electorales cada vez más garantizados. El Senado es cautivo del obstruccionismo. El debate de la sanidad, con su desagradable retórica acerca de tribunales de eutanasia e innecesarias votaciones navideñas, subraya el fracaso del "gobierno regular" a la hora de abordar los problemas más inabordables.
El peligroso mundo. El suceso definitorio de esta década tuvo lugar el 11 de septiembre de 2001. El avance sustancial de esta década ha sido que lo que antes parecía inevitable -- otro atentado importante -- se ha evitado hasta la fecha. Este resultado es producto de la suerte catalizada a través de un nuevo realismo en torno a las vulnerabilidades de América y la nueva supervisión en su tratamiento. Pero la suerte con el tiempo se agota. No hay una sin dos, y el mayor riesgo es que la próxima pueda ser nuclear o biológica. La reciente oleada de terroristas aparentemente nacionales que pretenden colaborar con al-Qaeda constituye un suceso preocupante.
En el ínterin, el tiempo de los numerosos peligros que han marcado esta década se agota. La inestabilidad de Pakistán con su arsenal nuclear. El incesante avance de Irán hacia la construcción de armas nucleares. La amenaza planteada por una Corea del Norte nuclear. Al igual que con el Congreso a nivel nacional, no está claro, siendo diplomática, que las instituciones internacionales y los países por separado vayan a ser capaces de afrontar el desafío. Por poner un ejemplo apremiante, ¿van a acceder China y Rusia en serio a imponer sanciones importantes a Irán? ¿Y qué pasa si las sanciones no funcionan?
Existen, afortunadamente, algunos motivos de esperanza como consuelo.
En algún momento América dejará de estar inmersa en dos guerras caras y divisivas. Habrá tropas en Irak y Afganistán, pero en cantidades muy inferiores.
Si la figura dominante de la última década fue Bush, la figura dominante de esta década -- y suponiendo que logre la reelección -- será Barack Obama. Eso está por verse.

Nunca creí que la elección de Obama fuera a desatar una era mágica de armonía nacional. Pero el presidente es reflexivo y práctico. Bien podría tener muchas prioridades, pero son las adecuadas. Su primer año en el cargo ha manifestado ser una combinación útil de constancia y flexibilidad -- constancia en la búsqueda de un objetivo y flexibilidad en los medios de alcanzarlo.

Finalmente está la ley de Stein, en honor al difunto economista Herbert Stein: las cosas que no pueden durar siempre no durarán. La máxima de Stein sugiere que los problemas pendientes durante demasiado tiempo habrán de ser confrontados de una vez. La advertencia aquí es que posponer las cosas las agrava mucho (el gasto social) o incluso imposibilita su solución (un punto de inflexión en el calentamiento global).

Lo lamento, se suponía que eso era el final feliz de una columna pesimista. De manera que permita que pruebe así: Felices Navidades del último año de la década del Habría que Haber -- y que me equivoque con los próximos.

Noticias relacionadas

El histrionismo de P. Sánchez, muestra de la peor demagogia

“Enséñale a ignorar los gritos de las multitudes que solo reclaman derechos sin pagar el costo de sus obligaciones” Abraham Lincoln

Usar la libertad y la razón para ser personas

Cuidado con las ideas que tratan de imponernos

Gobierno y la campana Montserrat

Dolors fue la campana salvadora

Rufián situacionista

La política institucional ofrece diariamente los más chuscos espectáculos

Planck y el cálculo

Max Planck revolucionó la Física de su tiempo y es un modelo de integridad moral
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris