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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Una reflexión incómoda sobre el 2009 y la crisis

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 30 de diciembre de 2009, 18:59 h (CET)
Estoy convencido de que el hombre del siglo XXI va a tener que variar de expectativas. Hasta ahora estábamos poseídos por un afán de posesión, una necesidad de hacer cosas importantes, de viajar, de adquirir riquezas, de destacar de entre los demás y, si es que ello fuere posible, de ser conocido y popular. Pero, señores, ha llegado el tío Paco con la rebaja y, con una buena dosis de sensatez, otra de humildad y una tercera de resignación nos ha enseñado que muchas de las cosas a las que aspirábamos, que considerábamos imprescindibles para vivir y cuya carencia era un serio motivo de frustraciones, desengaños y fiascos emocionales; se han convertido –por mor de la recesión, de los cambios de tendencias y del distinto enfoque que, la llegada de las vacas flacas, nos obliga a hacer sobre nuestro futuro –; en poco menos que utopías lejanas e inalcanzables, que nos van a forzar a replantearnos nuestros objetivos, rebajar nuestras aspiraciones y atemperar nuestros deseos, de manera y forma que, con una valoración más ecuánime de nuestras verdaderas posibilidades, con un análisis más certero de la realidad que nos rodea y con la aceptación de que nuestra anterior existencia estaba basada en un “bluff” insostenible que, el tiempo, en su transcurrir inmisericorde, se ha encargado de reducir a su verdadera dimensión y de situar en sus justos límites; nos ha llevado a aquello de que “cualquier tiempo pasado fue mejor” y que, en consecuencia, el cinturón tiene suficientes agujeros para que nos sirvan para ajustárnoslo en el justo momento en el que, los pantalones, nos queden demasiado anchos.

Y, si me lo permiten, mucho me temo que a quienes les va a costar más asimilar esta nueva situación, va a ser a la gente joven. En efecto, aquellos cuya edad nos permite tener recuerdos de aquella Guerra Civil, de la que ya han transcurrido más de setenta años, ya hemos pasado por trances similares y, no exagero al decirlo, mucho más penosos y extremos que estos a los que nos vemos abocados en la actualidad. No obstante, debemos reconocerlos, ya son varias las generaciones que se han ido sucediendo, después de aquella trágica efemérides, que han gozado de un largo bienestar, durante el cual, los padres se han esforzado en intentar que sus hijos vivieran mejor que ellos, en darles todo lo que estaba en sus manos para evitar que tuvieran que pasar por las penurias que ellos padecieron. De niños que jugaban con pelotas de trapo, que miraban las bicicletas de los más ricos con ojos de nostalgia y con envidia, de niñas que jugaban con muñecas de trapo que les confeccionaban sus mismas madres y de arrapiezos que se pegaban de pedradas en luchas callejeras, se ha pasado a otras generaciones de niños y jóvenes que llenan las escuelas y las universidades, que están bien alimentados y vestidos, que tienen los juguetes más caros y sofisticados y que, apenas cumplen los 18 años, ya se consideran unos desheredados de la fortuna si sus padres no les compran un vehículo de tres o cuatro ruedas, para que, en lugar de utilizar el transporte público, como hacíamos todos en nuestra juventud, puedan “fardar” y “ligar” con las chicas a bordo de sus monturas metálicas.

Claro que, como todas las cosas, esta facilidad que han tenido nuestros jóvenes, estas prebendas y estos lujos, muchas veces no bien apreciados y, en ocasiones, despreciados por sus beneficiarios; tienen su correspondiente contraindicación, su talón de Aquiles o, si ustedes lo prefieren, su parte oscura. Tantas ventajas, tantos mimos y tantas concesiones no ayudan precisamente a forjar caracteres fuertes, a imbuir ideales de esfuerzo y en que se fragüen valoraciones y sentimientos de agradecimiento por haber tenido la fortuna de disfrutarlos. Al contrario, cada vez más, en el seno de las familias, se producen desencuentros entre padres e hijos, cada vez los hijos les exigen más a sus padres a cambio de nada y, son muchos aquellos muchachos que todavía están disconformes con sus familias a pesar de haberlo recibido todo de ellas. Tampoco la condescendencia de sus mayores, la pasividad de los padres o su excesiva tolerancia, han beneficiado a la juventud que, poco a poco, se ha ido tomando – con la “inestimable” colaboración de los gobiernos de izquierdas que lo han fomentado, en su incesante ataque a la institución familiar – más libertades, más independencia y más indisciplina para oponerse a la autoridad paterna, reducida, en los últimos tiempos, a un mero remedo de aquella amplia potestad otorgada por el Derecho Romano al “pater familias”.

No vale lamentarnos respecto a algo que no tiene remedio y, si conviene constatar que, para estos jóvenes a los que se les ha dado más de lo conveniente y se los ha acostumbrado a disfrutar de una existencia superior a sus posibilidades, el hecho de tener que someterse a una realidad no deseada e incómoda y la necesidad de volver a la rutina del esfuerzo, el trabajo, el estudio o, incluso, a la posibilidad de tener que renunciar a parte del ocio o a los despilfarros a los que estaban acostumbrados, puede significar un hecho traumático. No obstante, podemos descubrir un aspecto positivo a esta difícil experiencia por la que pasamos los españoles. Es posible que, la necesidad de ahormarse a una situación de escasez y parquedad pueda, a la postre, resultar muy saludable para esta gente acostumbrada a las drogas, al exceso de sexo o la vida bohemia de aquellos que prefieren no trabajar para entregarse a sus vicios.

Algo positivo que reseñar en todo este ciclón tropical, en el que se ha transformado la economía mundial. Los que han labrado, con su trabajo y esfuerzo, empresas sólidas; los que no han abusado de los créditos para especular con el dinero; los que han trabajado duro para crear empresas resistentes y bien organizadas serán, sin duda, los que mejor capearán el temporal y salir airosos de la crisis. Mal les ha ido y peor les irá a todos los que han enfocado sus negocios en base a la pura especulación, en el enriquecimiento rápido, en los negocios turbios o en las aventuras quiméricas carentes de una base firme, racional y eficaz. Tampoco le puedo ver un futuro brillante a nuestro país, máxime, si es que lo comparamos con el resto de las naciones europeas y con países como EE.UU., China, Japón o la India. Cuando observamos que, desde todas las instituciones financieras internacionales, las agencias de calificación de riesgos y desde la propia CE, nos están bombardeando, sin cesar, con avisos, recomendaciones, indicaciones y amonestaciones, dirigidos a criticar la forma en la que, nuestro Ejecutivo socialista, está pretendiendo afrontar la recesión y, si nos paramos a comprobar los eficientes métodos modernos utilizados en el resto de naciones vecinas, basados en la contención del gasto público y la reducción de impuestos; no podemos menos que sumirnos en el más negro pesimismo respecto a una pronta recuperación..

Y un ruego; dirigido a todos aquellos compatriotas que amen a España, que se sientan españoles hasta la médula de los huesos y que compartan las ideas morales y éticas que nos legaron nuestros ancestros, fruto de siglos de cultura cristiana. Les pido que no desfallezcan, que se mantengan vigilantes y que no se dejen doblegar por el relativismo que quieren impartir aquellos que se han propuesto la destrucción de la unidad de nuestra nación. Sabemos que el 2.010 va a ser un año muy difícil; también sabemos que, el Gobierno de ZP, como ha venido haciendo hasta ahora, seguirá intentando vendernos gato por liebre, en su tarea de intentar dividirnos y destruir la familia, en un intento malévolo de conducirnos al caos del marxismo; resistamos y confiemos en Dios.

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