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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

Saca provecho de lo que ha ocurrido este año en tu vida

Teresa Antequera
Vida Universal
miércoles, 30 de diciembre de 2009, 18:59 h (CET)
A lo largo del año ninguno ha estado libre de altibajos y oscilaciones, una vez en sentido positivo, hacia arriba y luego de nuevo hacia abajo, hacia lo negativo. No siempre durante el año que ahora termina sucedieron las cosas como nos habíamos imaginado, y en ocasiones nos sentimos solos, incluso desesperados. Es posible que hayamos pensado que de verdad éste no fue un buen año.

El año va llegando ahora a su fin y más de uno pensará que el venidero nos puede volver a traer cosas imprevistas o tal vez cosas no deseadas. Y entonces piensa: pero ¿por qué me ocurre esto precisamente a mi?, ¿Por qué siempre yo? Para dar respuesta a estas preguntas nos remitimos al libro: «Pensamientos para un buen Año Nuevo», donde leemos el siguiente párrafo: «La persona que a comienzos del nuevo año haya recapacitado y comprendiendo que según La Ley de Siembra y Cosecha, todo lo que a cada uno le pasa es justo, irá confiando más y más en Dios, porque la justicia está en la corriente del amor. Ella no ataca, sino que equilibra. Quien reconozca la ley del equilibrio, que conduce a la libertad, sabrá también que es necesaria para que los hombres y las almas vuelvan a encontrar el camino a la Ley Universal, la eterna ley del amor, Dios.

La ley del equilibrio, también denominada Ley de Causa y efecto, es una legitimidad irremediable para cada persona que haya creado causas contra su prójimo, contra la naturaleza o contra Dios; se trata de una ley que en ocasiones no es fácil de aceptar. Muchos solemos preguntarnos: ¿Entonces tengo que soportar necesariamente los efectos de mis malos comportamientos? ¿Es imposible salir de este mecanismo que parece una prisión, o hay posibilidad de eludirlo? No hay nada que no tenga solución. Dios es amor. Ciertamente estamos atados a la ley de Causa y Efecto, pero cada día tenemos la ayuda para reconocer a tiempo las causas que hemos creado, antes de que éstas lleguen a sus efectos. Para ello hay que buscar y sacar la raíz de nuestras causas poniéndolas en orden, entonces tampoco nos llegarán los efectos. A quien saca la raíz de la tierra, en nuestro caso del alma, se libera del efecto.

Si hemos actuado mal contra nuestro prójimo, deberíamos arrepentirnos de ello y pedir perdón. Si otra persona nos ha ofendido, si alguien nos ha herido, deberíamos perdonarle de verdad. Y si ya no tenemos más resquemores, ya estará sacada la raíz del alma. Cada día tiene su lenguaje en las muchas situaciones y pensamientos, es por tanto nuestro día, y cada día experimentamos cosas que pueden causar en nosotros una vivencia esclarecedora. Si cuestionamos con sinceridad lo que pensamos, lo que vemos, lo que nos altera, o lo que nos ocupa de nuestro pasado, si nos cuestionamos en cada caso y si con la ayuda de la fuerza de Dios extraemos la raíz de nuestro comportamiento erróneo, entonces no sólo no volvemos a recaer en lo mismo, sino que nos volvemos más felices y plenos.

Todo lo desagradable que salió a nuestro encuentro en el año pasado, nos quería decir algo; podría decirse que todo fue y es un espejo de nosotros mismos. ¿Somos capaces de aceptar este reto? ¿Queremos tomar en cuenta esas indicaciones, sí, percibir las imágenes en ese espejo y tomar el tiempo para aprovechar esta oportunidad de finales del año? Entonces aun podemos sacar provecho del año vivido y de cada nuevo día, porque cada día contiene la fuerza para cambiar y la ayuda de Dios.

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