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Etiquetas:   Análisis internacional  

Kamikaze navideño

Isaac Bigio
Isaac Bigio
miércoles, 30 de diciembre de 2009, 18:57 h (CET)
En Navidad Al Qaeda decidió regalarle a Obama un nuevo avión que explotase en Michigan, cerca a lo que fuese su base. Así quiso castigar a EEUU en su día más religioso y familiar y mofarse de su estricta seguridad.

Umar Farouk Abdulmutallab, quien por poco no logró auto-explotarse en el vuelo Ámsterdam-Detroit, es un joven de 23 años que venía de una de las familias más ricas de Nigeria, la mayor potencia en petróleo y población del África negra. El residió en Londres en un exclusivo departamento que cuesta unos $US 6 millones.

Hasta hace unos meses él fue un alumno de la University College London, en la que decenas de miles de personas hemos pasado cursos o a cuyas instalaciones hospitalarias tanto hemos asistido. Se trataba de un estudiante londinense más, quien, además de ser acomodado, fue el presidente de la sociedad musulmana de dicha universidad.

Ni él ni su familia son refugiados, o víctimas de guerra o de la miseria. Al igual que los Bin Laden los Abdulmutallab son parte de la élite social de su país.
Es sintomático como Al Qaeda: 1) recluta gente que no sufre directamente las guerras de EEUU, pero que contrae un compromiso con sus correligionarios que ellos sienten atacados; 2) en vez de buscar entrenar a Umar como un cuadro dirigente o un Mecenas lo que más les interesa es buscar quien mejor pueda sortear la vigilancia para causar terror; 3) la relativa facilidad con la cual consiguen camuflar una bomba en un vuelo tan controlado y teniendo como autor a alguien cuyo propio padre le había denunciado.

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