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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

A las puertas del acontecimiento universal

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 29 de diciembre de 2009, 09:01 h (CET)
A qué ocultarlo: me tiemblan los pulsos. Sólo es capaz de calmar mi ansiedad la acción combinada de grandes dosis de Lexatín y la seguridad de que la Presidencia correturnos de Europa y nada son la misma cosa; pero alguna inquietud roe, pese a todo, mis fibras más íntimas. Obama en la Presidencia de los EEUU y Zapatero en la de Europa, desde luego, no son para menos. Un acontecimiento universal, cósmico, que, a la vista de los problemas pendientes y el bagaje personal de cada uno de ambos talentos, no puede sino sembrar el canguelo en el ámbito mundo.

Respecto de Obama, a quien además de demágogo no se le conocen virtudes, ya hemos visto que es un poco como Bono cuando era Ministro de Defensa, y que no tiene el menor empacho en colgarse por el artículo 33 las medallas que sea, sin que para ello sea preciso mérito alguno. Así ha hecho con el Nóbel de la Paz, al mismo tiempo que Guantánamo sigue donde estaba y hacía panegíricos de las guerras que le interesan, prácticamente anunciando la que emprenderá en breve contra ese Irán donde ya están los ayatolás poniéndose en remojo las barbas. Pensé que iba a ser para octubre pasado cuando iba a poner en marcha la máquina de rasurar clérigos, pero me equivoqué no sólo por lo del Nóbel, sino también porque en Afganistán se está poniendo la cosa cruda.

De Zapatero, quien tan cómodo se encuentra de becaria de Obama o de monaguillo del Papa Negro, no se puede añadir mucho más de lo que ya se ha dicho o de lo que sus propios actos confiesan: hará lo que le mandé su señor, y punto. A España ya nos metió en una guerra de no demasiado alcance como la de Afganistán –pero guerra, al fin y al cabo, sin que sepamos aún qué tenemos contra los afganos-, y es seguro que, al paso que vamos, nos meta también en el avispero iraní con todas las consecuencias que arrastrará consigo, convirtiéndonos a todos en objetivos de un apocalíptico tercer conflicto mundial, especialmente incómodo para los que vivimos en las proximidades de bases militares extranjeras o imperiales que tanto abundan en la geografía otrora patria. La cosa, en fin, pinta en bastos, y no es precisamente Zapatero de los que se amilanen a la hora de llevar el conflicto y el horror allá donde se proponga, e incluso adonde ni siquiera lo intenta. Si en España ha hecho y hace lo que hizo y hace, véase cómo nos va, que se prepare Europa.

A la vista de lo bien que les ha ido a los iraquíes con los salvadores imperiales –españoles incluidos-, lo interesante que fue para Sadam avenirse a negociar con las comisiones de la ONU y todo eso de las buenas maneras, que los guardianes de la revolución iraníes vayan buscando vaselina de buena calidad porque les van a dejar la matrícula como un sol negro. Y si no tienen armas de destrucción masiva, o lo que sea, que las pinten, porque les va a dar exactamente lo mismo: en unos meses les van a dejar el país como un balneario estilo iraquí, o como un centro vacacional estilo afgano. No se librarán, ni siquiera esos ingenuos que están haciendo el caldo gordo al Imperio con sus protestas callejeras. Divide et vencere, en fin, además de que Roma, ya se sabe, no paga traidores.

Si los iraníes se bajan de la burra y consienten que por toda la cara se quede el imperio con su petróleo y se conviertan en dóciles servidores de provincias, a lo mejor los iraníes se salvan; pero todo hace pensar que los iraníes consideran suyo lo que es suyo, incluidos sus derechos, y la cosa se va a poner de mil colores, no hay más que ver cómo el Imperio ha ido rodeando Irán con sus bases e invasiones guerreras, cómo ha ido enrolando bindundis como España en sus filas y cómo ha ido manejando la situación interna de Irán para que justifique el infierno que van a abrir de un momento a otro. Perséfone, la diosa de los Infiernos que corona el Capitolio imperial ya está que arde por cómo se frota las manos, lo mismito que las armamentísticas, las cuales están listas para poner sobre el escenario de las matanzas sus novísimos ingenios de última generación. El acontecimiento de la coincidencia de tan excepcionales dos líderes en las Presidencias de las dos grandes potencias mundiales, sin duda, nos van a dejar a todos boquiabiertos, aunque a unos más que a otros. Es probable, incluso, que a algunos les tengan que cerrar la boca con una mortaja. Para lo que les va a aprovecar, que no sufran más los chicuelos yendo a la escuela.

La crisis no vino nada mal para cerrar las puertas del trabajo a centenas de millones de personas, muchas de las cuales han visto que tienen una oportunidad de obtener ingresos siendo mano de obra guerrera y constituyéndose en genuina carne de cañón. Lo demás de los miles de millones de euros saqueados de los Erarios, nadie sabe adónde han ido a parar, aunque no vamos a tardar demasiado en enterarnos… por la vía de las evidencias. Éste es el asunto de cabecera del futuro calendario, un 2010 lleno de parabienes y de felicidad para algunos, que sin duda traerá alegrías para todos ésos que están un poco asustados porque la población mundial está traspasando la masa crítica: la van a ver reducida en un pispás a un numerito muy manejable.

Los demás problemas que deberá enfrentar Zapatero en Europa no son demasiado relevantes. Bastará para resolverlos conque sea buen chico y obedezca a su señor, tal vez convirtiendo a Europa, de facto, en un Estado de la Unión… norteamericana. El Gobierno Mundial está ya hilvanado desde hace tiempo y tan sólo falta, con la excusa de una guerra por todo lo alto, que pase la máquina de coser reforzando las costuras para que sea una realidad que alumbre el Novus Ordo Seclorum desde las tinieblas de las logias. Vivimos tiempos interesantes, en fin, tal y como desea el aforismo chino, y nos vamos a hartar de intereses, ya lo verán.

Quienes pensaron que la crisis inventada ésta remitiría como si tal cosa y todos seguiríamos en las mismas, pronto verán que tienen en la oración uno de sus mejores baluartes. ¡Que no les pase na´!

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