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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Al infierno con los redskins

Jim Hoagland
Jim Hoagland
martes, 29 de diciembre de 2009, 08:52 h (CET)
WASHINGTON -- La tragedia griega perdura porque nos enseña que es digna de vivirse a pesar de la angustia y el dolor que marcan gran parte de nuestra existencia. Esto me ha ayudado a entender y empatizar hasta con los Washington Redskin a lo largo de esta decepcionante temporada.

Hasta ahora. Volveré a los Skins en breve, y a cómo destruyeron la pasada semana un marco de referencia temporal optimista en apenas 15 segundos, en un instante. En primer lugar, algo de contexto:

Empecé mi carrera periodística como columnista deportivo antes de pasar a cubrir cuestiones mundiales y política exterior. El hilo conductor estaba claro: ¿en qué otra instancia es posible juzgar de manera tan seca quién es el héroe (trágicamente imperfecto) y quién es solamente un vago? ¿O registrar los puntos, las jugadas y los errores de la política, el deporte más espinoso que existe?

Hacer la crónica deportiva o política es escribir acerca del carácter humano enfrentado a extremos de ambición y tensión. Lo mismo puede decirse a estas alturas de escribir sobre finanzas y economía como consecuencia de la Gran Recesión de 2008. Ahora tenemos más información del carácter de las personas que han administrado Citigroup, Goldman Sachs o AIG de la que nunca pensamos que tendríamos o necesitáramos conocer.

Esto es así. Es la música lo que cuenta, no las palabras ni el promedio del defensa. El aura o la impresión que irradia un Fidel Castro, un Saddam Hussein, un Nelson Mandela, un Francois Mitterrand o un Bill Clinton y que te causan -- la esencia del carácter -- perdura mucho después de que sus respuestas normalmente preparadas hayan desaparecido de los cañones de prensa y de la memoria.

Además, yo crecí en un Sur estadounidense que dejaba de estar segregado paulatinamente y aprendí que la gente puede ser inducida a cambiar a mejor. El destino y la geografía me han tendido la mano del optimismo histórico como filosofía de vida, lo que normalmente ayuda enormemente a los hinchas de los Redskins.

Hasta la noche del lunes habría ilustrado esta temporada de los Redskins (4 a 10) como shakesperiana, o quizá griega. Confiaba en que esta tragedia contendría lecciones vitales para todos nosotros. Eso alumbraría la descripción que hace Joseph Conrad del "hombre, indomable por su experiencia en la resistencia a la miseria y el dolor", o incluso la predicción del laureado Nobel de 1949 de William Faulkner en que "el hombre no se limita a soportar: prevalecerá".

Ahora sé lo que sentía Bad Blake al tocar fondo en "Crazy Heart", el sobrecogedor nuevo trabajo de Jeff Bridges acerca de un cantante country alcohólico. Con un partido que tenía la fuerza de una terapia familiar, los Redskins me han convencido de que mi vida tiene que cambiar. Tengo que rehabilitarme del fútbol.

Sucedió cuando los Redskins intentaban poner en práctica lo que yo describiría como un farol de gol de campo para cubrir un pase que les explotó en la cara. Para mí, este momento -- que es necesario ver para creer o entender -- dice por lo menos tanto de la condición humana durante esta difícil década como las alambicadas sesiones de deliberación en el Senado en torno a la reforma sanitaria o las negociaciones de desarme nuclear.

Cuando los Redskins desplazaron casi toda su ofensiva a la banda izquierda del campo y dejaron a su defensa en medio, descubierto de defensa y de lógica, enarbolando el balón frenéticamente al cielo mientras un ejército de Giants de Nueva York acudía frenéticamente a tumbarlo, Shakespeare y Esquilo salieron por la ventana. Todo convergió en un instante a Franz Kafka y a William Burroughs, a lo absurdo y lo cruel de la vida, a la muerte de Sartre, a quien se pudo escuchar mascullando en su tumba que al infierno con los Redskins.

"Sí, definitivamente ese pase parece ejecutado por una cucaracha gigante", respondía Joel K. Estes de Rock Hill, S. C., (sufrido hincha deportivo y hermano mío) cuando mencioné la analogía con Kafka. Encontró el partido en YouTube tras escuchar que lo describían como "el partido más desagradable de la historia del fútbol". Estes no puso reparos.

De manera que ya me perdonará esta semana por no escribir acerca de la conferencia del clima de Copenhague, que bien podría haber triunfado fracasando tan estrepitosamente como los Redskins. Los líderes serios podrán ahora apartar el marketing "verde" cínico y exagerado y el autobombo flagrante que dominan gran parte de la respuesta a una amenaza seria a la estabilidad global. Podemos ver con mayor claridad los peligros del fraude financiero y el daño medioambiental que plantea un sistema global de intercambio de emisiones, y pasar en su lugar a un régimen fiscal de emisiones contaminantes.

Pero la cabra tira al monte -- predicando el optimismo histórico al mismo tiempo que los Redskins me advierten que tengo que cambiar. Dígame, doctor: ¿tiene cura lo mío?

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