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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Ahora piden dignificar lo que ellos mismos han degradado

José Manuel Onieva (Granada)
Redacción
domingo, 27 de diciembre de 2009, 19:26 h (CET)
En la prensa local granadina del día de Nochebuena, podíamos leer que un grupo de escritores y artistas, habida cuenta del fracaso en la búsqueda de los restos de García Lorca y el riesgo de haber “despojado” a la memoria de un símbolo, pide a la Junta de Andalucía la “dignificación y protección” del lugar, la zona entre Fuente Grande y el barranco de Víznar, y que consagren ese sitio a los desaparecidos.

Seguimos con el cúmulo de despropósitos en relación con la muerte de Lorca, la Guerra Civil y la utilización política y sectaria que de la misma hacen los citados escritores y artistas, los de la Memoria Histórica, algunos investigadores, la JA y el gobierno ZP. ¿No estaba ya dignificado el paraje?, ¿no era visitado con frecuencia por turistas, caminantes e interesados?, ¿no se han hecho allí cantidad de homenajes y actos diversos recordando a Federico y a otras muchas víctimas? Pues parece que no era así.

Lamentablemente, ninguno de estos artistas y escritores a los que tanto gusta firmar manifiestos, los hemos visto oponerse a la barbaridad histórica que allí se iba a cometer. Tampoco han apoyado a la familia Lorca que defendía mantener aquello intacto, precisamente por el valor simbólico que tenía. Ya el colmo sería que la Consejería de Justicia, la Diputación o cualquier otra penosa institución colocaran allí un Calatrava, Moneo o Guggenheim, por decir algo. Capaces son de sobra, con el dinero público y para su mayor honor y fotografías subsiguientes.

Concluyo diciendo otra vez, que ya va siendo hora de dejar de abrir fosas y de utilizar políticamente un pasado que superamos democráticamente cuando el 15 de diciembre de 1976, votamos en Referéndum la Ley para la Reforma Política de Adolfo Suárez. Los gobernantes de hoy nos deben el poder serlo a todos los que allí dijimos SÍ al perdón, a la reconciliación, a la salida pacífica de la dictadura y a la democracia con una Monarquía Parlamentaria. Ninguna Ley posterior, por más democrática que sea, debiera haber roto aquel pacto y sus promotores deben saberlo. Democráticamente se pueden cometer errores y éste, desde mi punto de vista, es un inmenso error que puede pasar facturas imprevisibles.

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