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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Navidad: Dios amándome

Piedad Sánchez de la Fuente
Redacción
domingo, 27 de diciembre de 2009, 14:59 h (CET)
Ya estamos a las puertas de la Navidad la fiesta más hermosa, más alegre, más sencilla y a la vez más grandiosa de cuántas celebramos. Es tiempo de alegría porque se ha realizado el misterio más grande que se puede realizar: Dios se hace hombre, se hace niño, bebé, y nos da su amor sin condiciones hasta morir ya adulto en una cruz para después resucitar y darnos la vida eterna.

Esta es la Navidad, una Madre Virgen, un Niño-Dios y José, un hombre joven, santo que recibe el encargo de cuidar de ellos.

Lo demás lo hemos ido añadiendo nosotros poco a poco a través del tiempo y con una frivolidad y una falta de fe que produce tristeza y desaliento.

La Navidad no son los regalos, ni son las comilonas desaforadas, ni el beber sin tino. La Navidad no es una fiesta para niños, es una fiesta para todos los que creen y saben que junto a ese Niño y su Madre seremos capaces de vencer en la lucha diaria de la vida a la vez que daremos sentido sobrenatural a todo cuanto ocurra sin estar preocupados solamente por los bienes materiales.

Dentro de nada veremos a Jesús, en el pesebre y podremos decir como un autor cristiano “En esta Nochebuena todo se para en mí. Estoy frente a El: que no dice nada, pero está ahí… El es Dios amándome” (J. Leclerq).

La Navidad es la alegría más pura, más clara y más limpia que puede haber. Los que la ven triste es porque no la enfocan bien, aunque nos falten seres queridos tenemos que levantar el corazón y con esperanza unirnos a ellos que gozan de Dios.

Si repasamos la historia de otras religiones nada hay parecido a la Navidad porque todas son el hombre buscando a Dios, que es algo bueno pero el cristianismo es Dios buscando al hombre, haciéndose hombre, naciendo como cualquier niño con una Madre Inmaculada y Virgen que en la cruz nos la entrega para que acudamos a Ella en nuestras necesidades.

¡Que hermosa paz da la Navidad! Ese Dios desde el pesebre solo nos pide que tengamos un poco de fe, que no ahoguemos esa fe nuestra en bolas y en velas, en espumillón, en bebidas que solo crean una alegría falsa, etc. Hagamos como los pastores, en cuánto el ángel les anunció la Buena Nueva se pusieron en camino para adorarlo, igual nosotros. Y cantemos villancicos, que se van perdiendo, ya solo sirven de música de fondo para los anuncios de productos del momento. No hay sinfonía más hermosa que Noche de Paz, Adeste Fideles o el tamborilero, ni melodía con más ternura que el popular “Ay del chiquirritín, metido entre pajas” ni lección de teología más clara que la del “¿Dime niño de quién eres?” y como letras que son una verdadera catequesis la gracia de los villancicos gitanos.

Con todo afecto ¡Feliz y cristiana Navidad, para todos! Por favor no digáis felices fiestas.

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