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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Toros y pajaritas de papel

Lali Llobet (Barcelona)
Redacción
domingo, 27 de diciembre de 2009, 14:14 h (CET)
Más de 800 personas acudieron al Parlament citadas en día y hora concretos, para registrarse como fedetarios. Durante tres mese recogieron 180.000 firmas de la gente de la calle, con sus nombres, DNI y dirección exacta, para llevar adelante la ILP a favor de la abolición de las corridas de toros que se entregan al Parlament. El departamento de estadística certifica las necesarias. Las juventudes socialistas se declaran a favor de la abolición.

Todas las encuestas que se realizan en Cataluña indican una abrumador rechazo contra este espectáculo. Tras varios meses llega la votación en el Parlament para votar si la ILP se tramita. El resultado de la votación en el Parlament es a favor de la tramitación. Mientras, algunos "representantes" de la cultura catalana hacen un manifiesto a favor de no prohibir: pintores, actores, empresarios, médicos...Las 180.000 firmas son también de pintores, actores, empresarios y médicos, más carpinteros, maestros o lampistas. Suponía que la voluntad de estas personas también cuentan. Miquel Uceta, presidente del PSC nos anuncia que en la próxima votación ya no van a dejar libertad de voto a sus diputados, sino que van a votar en bloque en contra la prohibición. Salen voces dentro del partido que discrepan contra esta decisión. ¿De qué sirven los mecanismos de la democracia si se actúa a carpetazos? Pues le sugiero a Miquel Uceta y demàs protaurinos del PSC que cojan todos los papeles con las 180..000 firmas, los resultados de las encuestas, las discrepancias dentro de su partido y hagan con todo ello pajaritas de papel, al menos a éstas, si se les tortura, no sufren.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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