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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Qué está pasando con la Iglesia catalana?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 27 de diciembre de 2009, 09:27 h (CET)
Es cierto que estamos próximos a terminar el año 2009 y no creo que haya nadie, medianamente sensato, que no desee que estos 365 días que vamos a dejar atrás queden reducidos a sólo un mal sueño, una pesadilla disparatada plagada de incoherencias, sandeces, despropósitos y demás barbaridades que, con rara persistencia, han ido jalonando el paso de los días; cayendo como una losa sobre la ciudadanía española agobiada por un cúmulo de problemas que han conseguido que, España y los españoles, estemos en la cuerda floja del desmadre económico y ante la probable descomposición del país. No obstante, seguimos a la deriva, continuamos sometidos a dos frentes antitéticos en los que se cuestiona el porvenir de nuestra nación: por una parte, el de aquellos que, como el portavoz del Gobierno, señor Alonso, parece que están viviendo en otro planeta que nada tiene que ver con éste en el que estamos ubicados, por lo que sigue insistiendo en que todo lo que ha hecho el gobierno del señor Zapatero ha sido exitoso, que todo va bien, que no se han equivocado en nada y que están decididos a continuar por la misma senda; y, por otra parte, el de aquellos que denuncian que el camino emprendido por ZP es erróneo, que con subvenciones no se recupera la economía y con el relativismo moral y ético entramos en el caos ciudadano más absoluto. No parece que, como dice Alonso, en el 2010 vayamos a mejorar, al contrario, se nos anuncia más de lo mismo, si no peor; no sólo desde dentro de España, sino desde Bruselas, del empresariado y del mismo BCE.

Por eso, cuando estamos a punto de concluir el 2009, un año “horríbilis”, y las perspectivas que asoman por el horizonte no hacen otra cosa que pintarnos un porvenir cargado de nuevos impuestos; de subidas de la energía eléctrica de un 2’5%; de más desempleo; de más presión sobre las economías particulares de los miembros de la clase media, de la posibilidad de que alguna de las autonomías, hasta ahora españolas, se lleve la parte del león, cuando otras se quedan sumidas en su pobreza a causa de una distribución injusta de la financiación autonómica; cuando nos percatamos de que, por el simple capricho sectario del señor ZP, se desmantelan centrales de producción nuclear, teniendo en cuenta que resultan ser de las que menos contaminan y las que son más rentables; cuando observamos, atónitos, que se quiere favorecer las energías alternativas y, sin embargo, las fotovoltaicas están pasando por un periodo de crisis; cuando se continúa apoyando a bancos y cajas, sin que se note una mejora en la concesión de créditos y cuando se escucha a ZP repetir insistentemente el término “paz” en su mensaje a nuestras fuerzas en Afganistán que, por cierto, ni saben el papel que les corresponde desempeñar allí ni ven el porqué deben permanecer impasibles ante los ataques de los talibanes que, por lo visto, ignoran que nuestros soldados no son soldados sino portadores de un mensaje de “paz”.

Así pues, cuando escuchamos las palabras de SM. Don Juan Carlos, y vemos que habla de “superar tensiones”, “solidaridad entre todas las autonomías” y de la necesidad de respectar y cumplir las normas constitucionales; nos preguntamos quién le habrá escrito un discurso semejante a nuestro monarca porque, si todo lo que dice está cargado de sentido común y sabiduría, no parece que ni nuestros gobernantes ni el partido de la oposición se hayan enterado de que, precisamente, esto es lo que llevamos reclamando los españoles desde hace dos años. Pero, con el debido respeto para la figura de SM el Rey, resulta sarcástico que, mientras hablan de unidad, solidaridad y respeto por la Constitución de 1978; en tierras catalanas se esté haciendo un ejercicio de independentismo, precisamente, apoyado en la debilidad del gobierno socialista, si no en su completa complicidad; por el que, tanto desde las más altas instituciones catalanas, como desde los empresarios, los medios de comunicación, una parte de la sociedad, y los partidos de izquierdas y secesionistas, sin dejar aparte la actitud beligerante que parece que está adoptando parte del clero de las diócesis catalanas, abandonando la ambigüedad que venían sosteniendo hasta ahora, para descararse y aprovechar cualquier ocasión para salir en defensa del Estatut, un instrumento que, de salir aprobado por el TC, constituiría, sin duda alguna, el medio más eficaz para esquilmar a España y, de paso, favorecer las aspiraciones catalanas de actuar por su cuenta, impartir su propia justicia y persistir en ignorar la Constitución en todo aquello, como por ejemplo la lengua castellana y su uso habitual, que les pueda resultar molesto como, por cierto, ya están practicando, aún antes de que se sepa qué artículos de dicha Ley Orgánica son constitucionales cuales no.

Si hace unos días protestábamos de unas palabras, poco afortunadas, de SE. Martínez Sistachs, arzobispo de la diócesis de Barcelona, ahora tenemos que volver a quejarnos de una nueva muestra de intromisión del clero catalán en temas políticos, muy sensibles para la ciudadanía en los que deberían abstenerse de intervenir. Del clero del monasterio de Montserrat ya estamos acostumbrados a recibir noticias sobre temas poco afines a la actividad monástica; así, no nos debe de extrañar que, esta vez, sea el señor Abad Don José Mª Soler quien, en un extenso reportaje en el rotativo La Vanguardia (uno de los firmantes del famoso “editorial conjunto”) nos haya hablado de Babilonia y de su opinión sobre el editorial de los periódicos catalanes que, al parecer, resulta sumamente favorable. Precisa el Abad que “no hay divorcio entre la defensa del Estatut y los intereses materiales de la gente”. ¿A qué gente se referirá el señor abad, a los catalanes o a el resto de ciudadanos españoles?

O ¿a la burguesía catalana, en la que seguramente confía él o en aquellos que quieren eliminar, como ICV y ERC, la Iglesia Católica del país catalán? Y ya que hablamos de divorció, ¿a qué se debe el silencio de los católicos y ministros de la Iglesia respecto a este mal tan extendido, cada vez más prolífico, que se va esparciendo como reguero de pólvora por la península ibérica?. “Si el Constitucional se inclinase por el rechazo, habría una gran decepción” Una sola pregunta al señor Abad de Montserrat, ¿qué opina usted acerca del encaje del Estatut en la Constitución española?, ¿cree el señor abad que para contentar a una parte, un 33% de la ciudadanía catalana, el TC, debe desconocer el mandato constitucional? O ¿es que ya estamos en el mismo camino de los prelados vascos, como Monseñor Setién, a los que no les ha importado convivir con los de ETA? Me temo, señor abad, que el reino de Cristo no es de este mundo, como él mismo dijo y que, por el contrario, ustedes, los prelados catalanes, parecen más interesados en las cuestiones autonomistas que en ocuparse de que no se les vayan los fieles, cansados de ver que los ministros de la Iglesia se ocupan más de lo material que de lo espiritual.

Cuando uno escucha el discurso del Rey, tiene la sensación de que no vive en España o no sabe que este país, gracias a su Presidente, ha entrado en barrena y está cayendo a velocidad de vértigo hacia un lugar del espacio político en el que ni él, ni su hijo ni las infantas, tienen ningún papel a desempeñar y que, actuando de correa de transmisión de lo que le interesa al señor ZP, no hace más que correr al encuentro del fin de la monarquía en España. Un juego peligroso para España cuando, el 2010, se nos anuncia complicado, peligroso y, evidentemente, crítico para nuestra nación.

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