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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Las ovejas contra el golf

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 27 de diciembre de 2009, 09:26 h (CET)
De unos años a esta parte, coincidiendo con los tiempos de bonanza económica a los que llevó a algunos el boom de la construcción discriminada, el juego del golf se ha popularizado y hasta existen campos “sociales”, todo el mundo tiene derecho a jugar y a todo el mundo le gusta imitar a los ricos, en el que practicar este deporte de los palos, las pelotas y los hoyos. Los campos de golf han sido durante años el lugar idóneo en el que cerrar negocios, entre hoyo y hoyo muchos recién llegados al mundo de la empresa iban calculando el porcentaje que les quedaría destruyendo una parte del territorio virgen que todavía queda en este país y más que atender al palo que debían tomar para dar un determinado golpe que les acercara al green andaban meditabundos pensando en su cuenta de resultados.

Cualquier urbanización que se precie debe contar con su oportuno campo de golf, siempre acompañado de un club social en el que tomar un whisky reparador del esfuerzo realizado. A los promotores les ha importado siempre un pimiento de dónde sacarían el agua necesaria para mantener verde y lozano el césped y nunca han parado mientes en que un bien tan preciado como el incoloro, insípido e insaboro elemento liquido es necesario para muchas cosas más importantes que reducir el handicap de los jugadores. Si las poblaciones tenían sed les ha dado lo mismo y si las cosechas necesitaban regarse ya se las apañarían los agricultores con el problema del déficit hídrico existente en muchas cuencas.

En Valencia hace muchos años se construyó un campo de golf, todavía existe, en terrenos del Saler, un bosque de pinos propiedad de la ciudad, pero los ciudadanos valencianos no vieron ni una sola peseta de los beneficios que aquel negocio produjo, lo que si que pudieron observar fue la desaparición de los pinos que durante décadas habían acogido en su sombra los arrumacos de muchas parejas de enamorados. Una sola protesta se produjo, la de un minúsculo grupo político, entonces en la clandestinidad, que una madrugada esparció por el césped un producto químico que secó la verde hierba. Nada más, y Valencia todavía debe dar gracias a que merced al movimiento ciudadano amparado bajo el paraguas de “Salvem el Saler” hoy todavía queda bosque en aquel lugar.

El Partido Popular valenciano armó como uno de sus banderines de enganche la lucha por el agua del Ebro, con ella movilizó a miles de ciudadanos que al amparo de paella gratuita acudían masivamente a defender un agua que nunca sería para la ciudadanía ya que, encubiertamente, los políticos populares de Valencia luchaban por ampliar los intereses de amigos y conocidos que tan sólo querían urbanizar todo el país al grito de “ni costa ni huerta, urbanizaciones”. Después ya llegarían los regalos, bien en forma de trajes, bien en forma de bolsos de marca o bien en forma de sentencia absolutoria.

Sus conmilitones de Murcia, bien aprendida la lección, también se han dedicado a ir destruyendo territorio amparando la construcción desaforada, pero ahora les ha salido un vecino respondón. Pascual Carrión, dedicado al pasturaje de ovejas, no ha cesado en su lucha por los recursos hídricos hasta conseguir que la Sala de lo Contencioso del Tribunal Supremo le de la razón y paralice el plan parcial de Santa Ana del Monte Jumilla Golf al estimar que su construcción podría producir una insuficiencia en los recursos hídricos de la zona que impediría las labores de pastoreo. Anteriormente el Tribunal Superior de Murcia, en todas partes cuecen habas, había dado la razón a los promotores amparándose en un concepto tan manido e intangible como el “interés general”, pero ahora los jueces del Supremo han puesto las cosas en su sitio.

En principio las ovejas le han ganando la partida al golf y por los terrenos donde algunos pensaban pisar calzando zapatos de lujo y marca no pasarán a no ser que quieran ensuciárselos pisando las negras cagarrutas de los ovinos. En este país todavía quedan jueces con dos dedos de frente, y eso es motivo de alegría. De todas maneras todos aquellos que pensaban acudir al Jumilla Golf tienen a su disposición infinidad de campos y de no encontrarlos pueden ir ejercitándose con alguno de los juegos de ordenador que simulan a la perfección los mejores campos de golf del mundo, además se ahorraran la propina al caddy ya que no les va a hacer falta.

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