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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Lobos, lobo, pacificadores

Lorenzo de Ara
Redacción
miércoles, 23 de diciembre de 2009, 11:59 h (CET)
Berlusconi, Tertsch. Al primero le atacó un loco. Un lobo. Un lobo que estaba muerto de rabia. Al segundo no se sabe todavía quién o qué le golpeó. Otro lobo. Seguro. ¿Estepario? No. Sería un lobo hambriento, movido por los poderosos de la nueva filosofía de vida.

Berlusconi es el presidente de la sexta economía mundial. Italia, aunque le pese a Zapatero, sigue siendo mucho más rica que España. Es la cuarta potencia europea. El norte de ese país está mucho más desarrollado que cualquier rincón español. Berlusconi tiene una fortuna estimada en miles de millones de euros. Representa a esa derecha populista, a menudo extravagante, y siempre mucho más creíble, más segura y más fiable que la izquierda todopoderosa que nos amarga la existencia en nuestra querida España.

La imagen del primer ministro dio la vuelta al mundo. Agredido, ensangrentado, humillado. Y a los pocos minutos, gracias a la libertad en la red de redes, ya cobraban vida las opiniones de los amantes de la alianza de las civilizaciones, perdonando al agresor y acusando a la víctima de merecer el castigo. ¡Faltó lapidarlo! ¡Lástima que no estuviera en una gira por Irán!

A Tertsch le rompieron varias costillas. El pulmón se bañó en sangre. Su pulmón. En este país ancestral y violento, el hombre que denuncia los horrores del comunismo, la barbarie del socialismo real, la presencial del Gulag, y la ortodoxia de los crímenes perpetrados por la hoz y el martillo, es puesto inmediatamente al borde de la muerte, aunque la vida a su alrededor transcurre con la normalidad de siempre. ¡Faltaría más!

Los cómicos de la radicalidad, los saltimbanquis de la muerte, las plumas que escriben para disculpar o querer entender los crímenes más execrables del nacionalismo vasco, por ejemplo, todos ellos, juntitos, se hacen pasar ahora por víctimas, enseñan sus ojeras y se sienten, oh, angelitos, crucificados por la derecha casposa.

La normalidad consiste en expulsar de la realidad al discrepante. Hacer que el buenismo se imponga con todo el peso de la lógica progre. Berlusconi y Tertsch son elementos que se merecen el castigo. Han discrepado, han mostrado su arrogante libertad, y alejados del miedo a la izquierda bunkerizada, desafían con su sola presencia la imbecilidad y la barbarie de una ideología que se apodera de la palabra paz, de la palabra amor, pero en el presente, al igual que en el pasado, ha estado unida al uso del miedo para hacer caer su liturgia de pobreza y miseria sobre la humanidad.

“Nada hay más monstruoso que la injusticia armada. Pero el hombre ha recibido de la naturaleza las armas de la sabiduría y de la virtud, que debe emplear principalmente contra sus malas pasiones”. Así pensaba Aristóteles.

Los lobos que ahora deambulan por las ciudades, a veces con apariencia de corderos, son los enemigos de la paz, los destructores de la convivencia. Quieren aparecer como pacificadores, pero se alejan de pensamiento del buen griego: “Mandar a hombres libres vale mucho más y es más conforme a virtud que mandar a esclavos”.

Berlusconi y Tertsch están en el punto de mira del loco, del lobo, del nuevo pacificador.

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