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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Quemado con la Sanidad

Ruth Marcus
Ruth Marcus
miércoles, 23 de diciembre de 2009, 07:09 h (CET)
WASHINGTON -- La izquierda ha perdido un tornillo con la reforma sanitaria.

Mejor varias tuercas.

El proyecto del Senado ampliará la cobertura a más de 30 millones de estadounidenses que de lo contrario quedarían sin asegurar -- y brindará 900.000 millones de dólares en subsidios públicos para llegar a ese punto. Prohibirá las prácticas más abusivas de la industria de los seguros. Las aseguradoras ya no tendrán permiso para negarse a asegurar a los individuos con enfermedades anteriores a la firma de la póliza, ni a cobrarles extra por tener una mala salud, ni a cancelar las pólizas una vez que se ponen enfermos. La gente que pierda su empleo, o su seguro, tendrá un lugar al que solicitar cobertura a través del nuevo mercado de seguros regulado por el gobierno. Por primera vez, los adultos sin hijos que vivan en condiciones de marginación tendrán garantizada la sanidad a través de Medicaid.

Keith Olbermann llama a esto en la MSNBC "una legislación hueca" y advierte al Presidente Obama de la "posibilidad muy real" de tener unas primarias reñidas en 2012. El ex-secretario del Comité Nacional Demócrata Howard Dean la considera "un flotador para la industria de los seguros mayor que el de AIG" y "no es digna de ser aprobado en su forma actual". El bloguero Markos Moulitsas está que trina, "Es hora de tumbar esta monstruosidad salida del Senado".

El problema fundamental, argumentan, es el fracaso del Senado en la inclusión de una opción pública -- el plan de protección administrado por el gobierno que compita junto a las compañías privadas en los mercados de seguros regulados por el gobierno. Sin una opción pública así, dicen ellos, no habrá ninguna disciplina en el control de los precios de las pólizas por parte de las aseguradoras -- incluso si los particulares están obligados por la nueva regulación a contratar un seguro que no se van a poder permitir.

Esta cruda evaluación da por sentados todo tipo de fracasos -- del mercado, de la regulación -- que yo no considero inevitables. Envuelve a la opción pública con el poder mágico de influenciar el coste de las pólizas más de lo que creo es plausible. Pero supongamos que los críticos de la izquierda tienen razón, y que las aseguradoras sólo están simulando estar descontentas con el proyecto del Senado con el fin de tentar a los legisladores con su aprobación -- momento en el cual (en el año 2014 en la práctica) se podrán abalanzar sobre millones de clientes nuevos.

¿Qué se imagina usted que sucederá si las pólizas resultan ser inasequibles -- hasta con los cientos de miles de millones de dólares en subsidios? ¿Promulgará el Congreso la obligatoriedad de que los particulares tengan seguro, o la flexibilizará? ¿Mantendrá el Congreso los subsidios al mismo nivel, o los hará más generosos? ¿Respetará el Congreso a las aseguradoras, o añadirá una opción pública? La historia nos enseña que, una vez implantados, los programas sociales tienden a ser más generosos, no más austeros. El enfoque sobre los programas que no funcionan según lo previsto es lubricar su funcionamiento como mejor sabe hacer el Congreso -- dedicando más dinero. Esto es motivo de preocupación con el proyecto del Senado, pero no entre los izquierdistas.

Aquellos que denuncian el plan del Senado imaginan que el Presidente Obama y sus colegas Demócratas poseen la influencia política necesaria para lograr algo más. No es así. Si la reforma sanitaria no es rematada pronto, no tendrá otro momento en años. Es probable que los Demócratas del Congreso se encuentren en una posición más débil tras las legislativas.

Y los estadounidenses, los más pobres y aquellos sin seguro en particular, estarán en peor situación con el estatus quo, que es lo que tendrán si los izquierdistas triunfan en sus esfuerzos por tumbar el proyecto del Senado. Esa será la verdadera monstruosidad.

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