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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Si fuera un banco…

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 22 de diciembre de 2009, 07:25 h (CET)
Decían los manifestantes pro-vida en el planeta durante la Cumbre de Copenhague, ésos que fueron brutalmente apaleados, detenidos ilegalmente y violados en sus derechos civiles por los vandálicos antidisturbios, que “Si el clima fuera un banco ya estaría resuelto el problema”. Y tienen toda la razón del mundo, no hay más que ver cómo con la falsa crisis actual que concierne a medio mundo son precisamente los bancos los únicos que han recibido ayudas que han redundado en un mayor reparto de beneficios para sus propietarios. Ha sido, por decirlo pronto y escuetamente, lo de Argentina a nivel mundial (ya dije entonces que esto pasaría por no meter el diente a quienes produjeron aquello). Lo que ha quedado claro con todo esto, es que se ha celebrado en Copenhague, más que una reunión al más alto nivel para ver si se podía hacer algo o no por el clima y la supervivencia de las futuras generaciones, un encuentro de los representantes de las multinacionales de la energía y de la pasta en crudo para ver si se podía hacer un negocio global paralelo que les procurara que sigan saqueando a los ciudadanos de todo el mundo. Y punto.

Los gobiernos de los países han quedado en evidencia, viéndoseles ya como los voceros o los legisladores a sueldo de estas multinacionales, ya sean petroleras, eléctricas, banca o de las empresas que armamentísticas o farmacéuticas que convengan. Algo que ya sabíamos muchos, que proclamaban marginalmente demasiadas voces autorizadas y que ya es vox populi. Quien a partir de esta fecha considere a los gobiernos como gestores independientes de los grandes entramados financieros y económicos no es que esté ciego, sino que voluntariamente se mete los dedos en los ojos.

Efectivamente, si el clima fuera un banco ya estaría resuelto el problema; si la extinción de las especies fuera un banco, todas ellas proliferarían sin colmo ni tasa; si los derechos civiles fueran un banco, todos tendríamos derechos y más derechos; si los desempleados fueran un banco, todos tendríamos pluriempleo; y si la paz fuera un banco, nadie sabría desde hace siglos qué es la guerra.

Todo, todo gira alrededor de los bancos, de los poderes económicos e industriales y contra los ciudadanos y sus derechos, además contra la propia pervivencia de la especie. Incluso en un gesto de desfachatez sin límites, el propio sistema se ha inventado la especie de que un científico alteraba los datos y mediciones que evidenciaban el cambio climático, acusándole a través del anonimato de un supuesto hacker que se ha colado en su ordenador personal y ha proclamado que ahí estaban las evidencias de la trampa, cual si el cambio climático fuera el invento de un solo científico, las mediciones las hiciera el solito en todo el planeta y todos los demás científicos fueran algo así como idiotas que estaban esperando que este hombre dijera algo para corearlo como colegiales. El sistema no es que sea sólo perverso, sino que nos considera a los ciudadanos estúpidos. Y tal vez lo seamos, no hay más que ver cómo nos tratan los antidisturbios que tenemos a sueldo –como a ganado-, golpeándonos con las porras que les prestamos, amenazándonos con las pistolas con que les armamos para que nos protejan y abusando incluso sexualmente de las chicuelas que protestan, ya que al paso les viene y son más reales que en Internet, y no pasa nada ni son metidos en la cárcel.

Por demás sabemos quién era ese hacker, pertenezca a la CIA la NSA o cualquier otro grupo negro de desestabilización social especializado en procurar accidentes a los personajes molestos, crear los ambientes necesarios para que estallen conflictos bélicos que beneficien a sus multinacionales –las que están contra la evidencia del cambio climático y la paz- y en manejar las opiniones públicas desprestigiando a quien conviene o ensalzando como personaje maravilloso presidenciable a cualquier friki.

El problema de la Cubre de Copenhague no es la falta de voluntad, porque voluntad tienen los líderes políticos, pero toda mala. El verdadero problema es que se pretende solucionar el enorme problema con los personajes que han producido el problema. Difícilmente, con personajes así y líderes de tal jaez se podrá alcanzar acuerdo alguno que sea coherente, llámese al encuentro Kyoto, Copenhague, Río o lo que les dé la gana. Mientras los que controlan la degeneración del medio, la extinción de las especies y el envenenamiento del planeta no reciban garantías de que podrá seguir campeando por sus fueros, no habrá solución posible. Será necesario asegurarles pingües beneficios y que dirijan la salvación de la especie para que se muevan, y no es seguro que lo hagan ni siquiera así. Se verán tentados, tarde o temprano, pues que su codicia no tiene colmo, a utilizar a sus gobiernos para disparar las alarmas por una nueva gripe A, una nueva crisis, unas cuantas guerras o trucar los resultados que evidencian que el planeta está herido de muerte, para obtener una ventaja adicional. ¿Y para qué tanto dinero, si ya tienen casi todo el del planeta?... Bueno, lean algunos otros de mis artículos, y verán como todo cuadra. El que tiene poco, quiere mucho; el que mucho, todo.

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