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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Más solo que la una

David S. Broder
David S. Broder
martes, 22 de diciembre de 2009, 07:13 h (CET)
WASHINGTON -- Durante el último año más o menos del segundo mandato de la presidencia de George W. Bush, los tertulianos solían hablar mucho de la inefable escasez de Republicanos dispuestos a dar la cara y defender su gestión. Nunca pensé que vería a Barack Obama enfrentándose al mismo problema antes de finalizar su primer año.

Pero a medida que las cifras de popularidad de Obama (el 50% en la encuesta Washington Post-ABC News más reciente) se hunden, se vuelve cada vez más difícil encontrar partidarios a ultranza del presidente.

No hace falta más que visitar la página editorial de Washington Post del jueves para ver a lo que me refiero. Hubo un tiempo, y no hace mucho de esto, en que el Post era considerado como "el periódico progre" de Washington, un defensor veraz del tipo de políticas adoptadas por presidentes Demócratas.

Bien, en el artículo de encabezamiento de la sección editorial, un reconocido miembro del partido del presidente afirma que la legislación nacional insignia de Obama, el proyecto de reforma sanitaria, se ha visto tan comprometido en su forma actual que "este proyecto será más perjudicial que benéfico para el futuro de América".

"Si yo fuera senador", escribía Howard Dean, ex-Gobernador de Vermont y secretario del Comité Nacional Demócrata durante la carrera de Obama hasta la Casa Blanca, "no votaría a favor del presente proyecto sanitario".

Dean, que lleva algún tiempo dando señales de su apostasía, no fue el único en absoluto en dar un rapapolvo a Obama justo cuando el Presidente y los líderes del Senado luchaban a brazo partido por reunir los 60 votos necesarios para aprobar la legislación en permanente cambio.

Más allá de la codiciada tribuna en el Post, el columnista conservador George F. Will presumía que contra más defendía el proyecto Obama, menos lo apoyaba la opinión pública. Y desde el otro extremo del hemiciclo, Matthew Dowd, un antiguo Demócrata que ocupó el puesto de estratega jefe del joven Presidente Bush, ofrecía a los Demócratas del Congreso el consejo gratuito de que les iría mejor si los Republicanos lograsen bloquear el proyecto de Obama.

Quedaba en manos de mi amigo E.J. Dionne Jr., uno de los defensores periodísticos más apasionados de Obama, decir a los Demócratas que tienen que remediar sus modales -- y sus palabras. El creciente vacío entre Demócratas izquierdistas y moderados "es la receta de la catástrofe política", advertía Dionne, sugiriendo su tono que piensa que los Demócratas se han alejado demasiado para prestarle atención.

Pero esto no fue lo peor que vi ese día. Lo peor llegaba en una crónica de la conferencia de prensa de final de año ofrecida por la presidenta de la Cámara Nancy Pelosi. Preguntada por cómo afrontaría las inminentes pruebas de fuego del apoyo Demócrata en el Congreso el año próximo a la decisión de Obama de enviar 30.000 efectivos estadounidenses más a la lucha en Afganistán, ella decía "el Presidente va a tener que explicarse". Recordando a los reporteros que ella había dicho a los legisladores en junio, cuando fue aprobada la financiación de 17.000 efectivos adicionales, que sería la última vez que iba a presionar a los miembros de su partido para que respaldasen una medida así, dejaba absolutamente claro que no sentía ninguna obligación de lealtad al partido por apoyar a Obama en la decisión más importante relativa a la seguridad nacional que ha tomado hasta el momento.

La legisladora izquierdista de San Francisco no hubiera sido más clara ni habiendo añadido, "Todo depende de ti, macho".

Siendo esto el ejemplo de la cabeza Demócrata visible en el Capitolio, hay que preguntarse por qué los Demócratas de izquierdas están tan enfadados con senadores como Joe Lieberman o Ben Nelson, que negocian sus propios acuerdos con la Casa Blanca en materia del proyecto de sanidad.

Creo que Obama merece más ayuda de la que recibe de sus correligionarios Demócratas en el Congreso, teniendo en cuenta el espaldarazo que les brindó en las últimas elecciones, la dificultad de los problemas que heredó, y la nula colaboración que ha tenido de los Republicanos.

Pero la realidad es que a medida que se aproximen las elecciones legislativas, cuando sean ellos los que se presenten a las elecciones y él no, más miembros del Congreso -- y no sólo Pelosi -- juzgarán en función de lo mejor para sí mismos y se dejarán dominar menos por Obama.

Puede que ahora se sienta solo, pero aún no ha visto nada.

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