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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

De la dignidad de Aminetu Haidar y la nuestra propia

Mario López
Mario López
lunes, 21 de diciembre de 2009, 07:05 h (CET)
Parece que todo el mundo está de acuerdo en que Aminetu Haidar es una heroína que nos ha abierto los ojos a la injusta realidad de un pueblo largamente olvidado por los gobiernos de España; una frágil mujer que ha puesto de manifiesto que es mejor morir a vivir sin dignidad. Nos hemos sumado a su causa todos, sin fisuras, estrechando el cerco al Gobierno de Rodríguez Zapatero e instigando a las Naciones Unidas, la UE y los USA para que pongan en su sitio a Marruecos.

Bueno, si somos tan sensibles al compromiso de Haidar consigo misma y su pueblo, y hemos movilizado tantos recursos para apoyarla, ¿por qué no hacemos lo mismo con nosotros mismos? ¿Por qué no nos ponemos en la disyuntiva de vivir dignamente o morir? ¿Acaso es que todos nosotros tenemos la dignidad por bandera? ¿Acaso nuestro trabajo es suficientemente digno? ¿Lo es nuestro desempleo? ¿Nuestra vida familiar? ¿Nuestra vida social? A juzgar por las huelgas de hambre que estamos llevando a cabo, debemos de ser el país más digno del mundo. Esto es lo que se llama «placer de casa ajena». Es decir, con el forastero nos volcamos en comprensión y servidumbre, pero a los de casa que les den dos duros. Y volviendo al conflicto del Sahara, ¿por qué tanto USA como la UE han decidido no presionar a Marruecos, contrariamente a lo que se le exige al Gobierno de España? El sultán Mohamed VI ha declarado a la prensa que un Sahara marroquí garantiza la represión del terrorismo. Esto le ha debido sonar bien a Obama. Porque lo cierto es que en Mauritania existen células activas de Al Qaeda ¿Nos hemos olvidado ya de que tenemos a tres compatriotas secuestrados en aquel lugar y por aquel grupo terrorista? Debemos exigir a nuestro Gobierno que cumpla los compromisos que pueda tener con el Frente Polisario; sin duda.

Pero tenemos que ser conscientes de que ese compromiso lleva implícitos otros dos más: uno, con la seguridad del pueblo español y, dos, con el mantenimiento de unas relaciones justas y amistosas con Marruecos. Haidar es una heroína, pero ni es la representante democráticamente elegida por su pueblo ni jamás se ha sentado a negociar con la diplomacia española. Y el único camino para resolver el conflicto del Sahara Occidental es la negociación, escuchando a todas las partes interesadas. El mejor servicio que puede hacer Haidar para su salud y el de las negociaciones es abandonar la huelga de hambre y volver a su casa. Y lo mejor que podemos hacer los españoles es hacer valer nuestra dignidad al mismo nivel que lo ha hecho Aminetu Haidar con la suya.

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