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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Una farsa de liderazgo

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
lunes, 21 de diciembre de 2009, 06:55 h (CET)
WASHINGTON -- La empresa de Barack Obama en pos de la histórica legislación sanitaria se ha convertido en una parodia de liderazgo. Normalmente asociamos liderazgo presidencial con la búsqueda de objetivos que, aunque inicialmente impopulares, sirven a los intereses de América a largo plazo. Obama ha puesto esto patas arriba. Está defendiendo una legislación cada vez más impopular que amenaza a los intereses del país a largo plazo. "Esto no tiene que ver conmigo", le gusta decir, "yo tengo un estupendo seguro de salud". Pero por supuesto, tiene mucho que ver con él: con la herencia que ansía dejar como el presidente que logró la atención médica "universal". Quedará decepcionado.

Incluso si la legislación supera el trámite parlamentario del Congreso --todo un supuesto -- el producto final estará muy lejos de las extravagantes promesas de Obama. No asegurará a todo el mundo. No controlará el gasto. Agravará las perspectivas presupuestarias. Conducirá a subir los impuestos. Alterará de manera drástica la forma, o las condiciones, bajo la que las empresas aseguran a sus plantillas. A medida que se materialicen las consecuencias reales (en contraste con las retóricas), ellas refutarán el anuncio de Obama de que "ha solucionado" el problema de la sanidad. Su reputación saldrá mal parada.

Ya ha salido mal parada. A pesar de la elocuencia y el control de la imagen pública a través de los medios por parte de Obama, la desconfianza entre la opinión pública está creciendo. En abril, el 57% de los estadounidenses aprobaba su "gestión de la sanidad" y el 29% la suspendía, recogía la encuesta Washington Post-ABC News; en la oleada más reciente, el 44% la aprobaba y el 53% la suspendía. Alrededor de la mitad expresaba su preocupación porque la sanidad se deteriorara y la factura sanitaria se elevara.

Estos temores estaban bien fundados. Las diversas propuestas sanitarias plantean una legislación atroz. Por supuesto, asegurarán a 30 millones de estadounidenses o más hacia el año 2019. La gente disfrutará de más seguridad. Pero hasta para acceder a estos logros habrá que cumplir requisitos. Parte de los recién asegurados estarán más sanos, pero cuántos exactamente y en qué medida no está claro. Los que hoy no tienen seguro tienen entre el 50 y el 70% de la misma atención de los que están afiliados. La administración argumenta que el sistema actual sufre de un derroche masivo. Si es así, una mayor participación en el derroche por parte de los recién asegurados no les deja en una situación mucho mejor.

Los que queden sin asegurar también podrían superar las estimaciones. Dentro del proyecto de ley del Senado, alcanzarán en total los 24 millones en el año 2019, se lamenta Richard Foster, actuario jefe del Centro de Servicios de Medicare y Medicaid. Pero el comodín es la inmigración. De 1999 a 2008, alrededor del 60% de incremento de los que no tienen seguro se registró entre los hispanos. Se relacionó con los inmigrantes y su descendencia (norteamericana oriunda en gran parte). La mayor parte de los inmigrantes ilegales no quedan asegurados por la propuesta de Obama. Si no limitamos la inmigración de los pobres y los inmigrantes de baja cualificación -- las personas que no pueden permitirse un seguro -- el programa de Obama será menos eficaz y más caro de lo estimado. Casi nadie menciona el impacto de los inmigrantes, porque parece insensible.

En el ínterin, las propuestas de reforma sanitaria imponen costes masivos. Recuerde: el país se enfrenta ya a subidas tributarias sustanciales y del gasto federal o déficits porque una población que envejece va a consumir más seguridad social y Medicare. Las proyecciones realizadas por la Oficina Presupuestaria del Congreso en el ejercicio 2007 sugieren que el gasto federal podría rozar hacia el año 2030 el 50% como porcentaje de la economía real (el producto interior bruto). Desde aquella estimación, la recesión y los déficits masivos han alimentado más la deuda nacional.

El plan de Obama podría añadir casi otro billón de dólares en gastos a lo largo de una década -- y más tarde más. Incluso si esto se sufragara totalmente, como sostiene Obama, mediante subidas tributarias y recortes en las compensaciones de Medicare, esta recaudación se habría podido utilizar para paliar los déficits existentes. Pero las probabilidades apuntan a que los gastos nuevos no estarán totalmente extinguidos, porque el Congreso podría invertir parte de las reducciones en las compensaciones de Medicare antes de su implantación. El ahorro proyectado parece "irreal", afirma Foster. De igual manera, la legislación establece un programa de atención primaria a largo plazo voluntario que se supone se financia a través de las pólizas privadas. Foster lo considera "insostenible", insinuando la necesidad de enormes subsidios federales.

La masiva reforma de Obama también va a alterar la forma en que las aseguradoras privadas aseguran a las plantillas. Alrededor de 18 millones de trabajadores pueden perder la cobertura y 16 millones la obtendrán, a medida que las empresas se adaptan a las nuevas regulaciones y subsidios, según estima The Lewin Group, una consultora. Las aseguradoras privadas afirman que las pólizas en los mercados individuales y colectivos, donde acabarán muchas de las plantillas, podrían aumentar un 25 a un 50% extra a lo largo de una década. La administración y la Oficina Presupuestaria del Congreso discrepan. El conflicto subraya las considerables incertidumbres contenidas en los proyectos de ley. En cuanto al control del gasto, hasta las estimaciones generosas proyectan un crecimiento del gasto a un ritmo superior al de la economía. Cambiar eso es el principal imperativo de una política sensata.

De manera que el plan de Obama se reduce a esto: cobertura parcial de los que no tienen seguro; mejoras modestas (probablemente) en su estado de salud; importantes gastos presupuestarios que agravan unas perspectivas desoladoras; cambios significativos e impredecibles en los mercados de seguros; pobre control del gasto. Es un mal negocio. Los beneficios se estiman al alza, los costes a la baja. Esta legislación es una aberración; el país saldrá peor parado con su aprobación. En lo que se ha convertido es en un ejercicio de simbolismo político: la cruzada auto-indulgente de Obama por hacerse con el Santo Grial progresista de la "cobertura universal". Liderazgo es lo que no es.

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