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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Escenas de la España más brutal

Julio Ortega Fraile
Redacción
lunes, 21 de diciembre de 2009, 06:39 h (CET)
Ya no les basta con el Toro de la Vega. Una salvajada convertida en paradigma de la brutalidad con los animales en España se les antoja insuficiente, necesitan ir más allá y buscando nuevas víctimas a las que alancear, han elegido en esta ocasión a hembras y a ejemplares jóvenes. Así, Tordesillas le ha cedido momentáneamente el testigo sangriento a Villanubla y en dicha localidad vallisoletana, el pasado día 12 se dedicaron a traspasar con lanzas a unos cuantos seres vivos. Porque les divertía hacerlo.

Lo anunciaban como un acto lúdico: "Extraordinaria función taurina, donde los aficionados podrán torear y lancear mamonas, chotas, eralas y vacas. A continuación se comerá en el Restaurante... de sobremesa cantantes flamencos. Precio 30 euros". Mil duritos a cambio de torturar animales, de viandas y de alcohol para llenar las barrigas luego de haber eviscerado otras en vivo, y música con la que cerrar "un hermoso día de fiesta". Causar padecimientos a terceros y celebrarlo después, parece ser un artículo en oferta.

Estas acciones infames, son el germen de otras que acaban constituyéndose en “bienes de interés turístico o general”, y demandadas por algunos como “Patrimonio de la Humanidad”. Son las razones que aducen sus paladines para exigir su permanencia, apuntalándola en el apoyo oficial del que gozan. De tal modo, que de poco sirve expresar la repugnancia que suscita tan cobarde violencia, cuando tras de ella se alzan las instituciones para promoverla y ampararla.

Un solo gesto que nos transmita el miedo de esas criaturas, un único gemido que nos hable de su sufrimiento, son más dignos de consideración y acreedores de solidaridad, que todas las tesis emponzoñadas de esa horda embrutecida. Porque los primeros mueren para entretener a los segundos después de una espantosa agonía, y mientras éstos últimos brindan por su “hombría” a unos metros de los cadáveres, este País se envilece un poco más por seguir otorgando licencia y coartadas a unos crímenes que llaman tradiciones.

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