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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El fracaso de UGT y CCOO

Lorenzo de Ara
Redacción
lunes, 21 de diciembre de 2009, 06:33 h (CET)
Usted, sapientísimo lector, vive en un país que tiene más de 4 millones de parados. Algunos expertos opinan que se puede alcanzar la cifra de los cinco millones.

Mientras la agonía de millones de personas es una realidad con la que tenemos que convivir los que por suerte aún tenemos empleo, los sindicatos de clase, UGT y CCOO, apoyados por el Gobierno de Zapatero y sus medios afines, llevaron a cabo una concentración que sirvió exclusivamente para enseñar el odio hacia los empresarios, el deseo de que la derecha nunca más vuelva a gobernar, y la indiferencia mayúscula que les produce el paro y el futuro laboral.

Esos sindicatos viven de nuestro dinero. Así ha sido siempre. Ya ni siquiera cumplen con el papel que les tiene asignado La Constitución.

Son una carga muy pesada que todavía se mantiene con vida porque el dinero público les otorga oxígeno y prebendas. Pero en realidad, no representan a nadie.

El fracaso de la llamada de la selva no debería quedar en el olvido. Aunque fletaron trenes, autobuses y consiguieron el apoyo transparente del poder establecido, apenas 30 mil seguidores se dieron cita.

Ni los 30 euros, ni el bocadillo, ni el prometedor fin de semana en Madrid, -ni Pedro Zerolo enseñando su mejor cara-, fueron capaces de reunir a las 250 mil almas con las que soñaban los protagonistas del engendro.

El sindicalismo español es un muerto viviente. Su hedor es insoportable. Aunque hay algo todavía mucho peor que ese proceso de putrefacción al aire libre. Me refiero a su desafecto por los trabajadores.

UGT y CCOO han intentado llevar a cabo lo que parecería una locura en otro país con la tasa de paro por encima del 20 por ciento.

Los sindicatos le han perdonado la vida al responsable de la quiebra: el Ejecutivo de ZP. Han lanzado un mensaje de guerra contra los empresarios, la gran mayoría, representantes de las pequeñas y medianas empresa españolas, que generan por sí solas más del 90 por ciento del empleo.

Eso, es según ellos, una llamada al diálogo social. Y eso es lo que quiere ZP. Es lo que quieren los radicales de izquierda que continúan soñando con otro sistema. Por ese motivo se dejaron ver las inconstitucionales banderas republicanas,

Esos representantes de la nada, del descalabro social y económico, viven cómodamente instalados en el capitalismo, ¿por qué?, la respuesta es muy simple: son unos cobardes que se niegan a vivir en el paraíso prometido por Lenin y Stalin, y ahora por Chávez, Evo Morales y otros depredadores. Para hay lugares en el mundo, desgraciadamente, donde esos santos podrían ser muy felices.

Pero después de la concentración han comprobado que ya no tienen fuerza para movilizar a las personas libres. Una mentira no puede durar para siempre. Y la mentira de UGT y CCOO es tan palpable como el desastroso ejercicio de demagogia que día a día realiza el gobierno socialista español.

Al fin y al cabo, son iguales. Sindicatos y Gobierno. Están unidos en el desastre. No tienen soluciones, y se empeñan en querer que todos nos hundamos con ellos.

Su fracaso, el fracaso de la concentración del sábado 12 de diciembre, es el éxito de la vida, el éxito de la democracia, la esperanza en el futuro, la última oportunidad que nos queda para echarlos a patada y que no vuelvan.

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