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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Referéndums sin garantías

Ana Marco (Barcelona)
Redacción
lunes, 21 de diciembre de 2009, 06:32 h (CET)
Surgen muchas preguntas sobre los referéndums soberanistas. ¿Qué imparcialidad tiene una votación en que el recuento de los votos lo hacen los partidarios de una de las dos opciones? ¿Cuánto fraude puede haber habido en el voto por correo cuando los votos los han guardado sin ningún control en su casa unas personas particulares?

¿Cómo se pueden verificar los resultados cuando han eliminado los datos el mismo día de la votación con la excusa surrealista de "evitar que caigan en manos de España"? ¿Si los organizadores no tenían ningún censo electoral, cómo han podido comprobar con fiabilidad que los votantes estaban censados? La realidad es que los resultados de estas votaciones sin garantías son más que dudosos y manipulables.

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La Constitución española no necesita ser interpretada respeto a la vigencia, en todo el territorio español, de la lengua que hablan más de 500 millones de personas: el castellano.

Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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