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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

La salud de nos niños está en juego

Francisco Arias Solís
Redacción
lunes, 21 de diciembre de 2009, 06:21 h (CET)
El estrés por exceso de trabajo y la falta de tiempo para el ocio es un síntoma que se asocia de inmediato con la vida adulta. Sin embargo, cada vez son más los niños que sufren a sus cortas edades las consecuencias de una sobrecarga de tareas. Ya no sólo tienen que sacar adelante sus estudios ordinarios, las clases extraescolares a las que muchos de ellos acuden se han convertido en una nueva obligación.

El niño mucha veces se ve forzado a acudir y, además, a un gran número de clases extraescolares lo que puede producir una sobrecarga de tareas para la que los chavales no siempre están preparados. Las consecuencias de este exceso son muy variadas y en todo caso siempre negativas, desde falta de descanso, nerviosismo o depresiones al descenso en el rendimiento escolar normal, los niños ya no sólo tienen que enfrentarse a los deberes habituales, también tienen la tarde ocupada con el ballet, la música, el inglés o la informática.

Elegir de una forma adecuada y dosificada las clases extraescolares es, el primer paso, cuidando siempre no saturar al niño y el dejarle el tiempo libre para el ocio y las relaciones con padres y amigos. No debiera olvidarse que siempre hay tiempo para el aprendizaje formal de ciertas disciplinas académicas, pero no para las relaciones propias de una determinada edad.

Seleccionar las clases, por otra parte, debe hacerse también teniendo en cuenta las aptitudes del niño, ya que de otra forma se corre el riesgo de iniciarle en una actividad para la que no puede estar preparado. Existen niños a los que el colegio ya les queda largo de por sí y no pueden con el trabajo adicional que supone una clase extraescolar. Por otro lado, ocurre muchas veces que los padres piensan que sus hijos son maravillosos y los introducen en un montón de actividades que los críos no pueden cumplir y acaban angustiándose porque no satisfacen las expectativas que habían generado sus padres.

Pero al margen de que las clases sean seleccionadas y adecuadas al niño, es fundamental que éste acuda a ellas de forma voluntaria, ya que si no en vez de clases pueden convertirse en verdaderas “torturas extraescolares”. Si el niño acude motivado, las actividades extraescolares han de orientarse hacia la distracción, constituyendo una alternativa paralela a las labores educacionales y no una prolongación del colegio.

Este es el punto en el que hay una generalizada coincidencia, la posibilidad de buscar actividades extraescolares que no tengan necesariamente la forma de clase.

En definitiva, las clases extraescolares de los hijos son un asunto que los padres han de plantearse muy seriamente no olvidando una serie de principios elementales que pueden hacer de ellas una verdadera ayuda para los niños. Así, hay que asegurarse de que el niño quiera ir, elegirlas en función de sus capacidades y necesidades, no agobiarles nunca con estas actividades, no utilizarlas como una forma de librarse de ellos. Finalmente no hay que olvidar que hay tiempo de sobra y que todas las cosas tienen su tiempo. A cierta edad es necesario el ocio desestructurado y aburrirse puede ser muy bonito.

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