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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Derechos humanos y países inhumanos

Nieves Fernández
Nieves Fernández
sábado, 19 de diciembre de 2009, 05:09 h (CET)
No llevamos ni un siglo de derechos humanos reconocidos por organismos internacionales con lo que eso conlleva de respeto entre países, y continúan las guerras “necesarias” y siempre innecesarias junto a las posturas de fuerza entre las distintas ideas y territorios.

Me preguntaban hace unos días si había opinado sobre la activista y pacifista saharaui, dije que aún no, cuando sin entrar en grandes profundidades reconozco que ella al menos ha tenido la valentía de llegar a los medios con todo su séquito de colaboradores y a costa de perder su salud en pago a su dignidad. Y es que las causas sean o no políticas ya no son lo que eran.

Conozco a un padre que estaba a punto de cometer una locura, con huelga de hambre incluida cuando quería llamar la atención sobre una sentencia que a él le parecía injusta. Los humanos llaman la atención lo que se consideran justo y hacen llamar a jueces, reyes y sobre todo opinión pública, que es una opinión muy poderosa, para que se aclaren sus razones peticionarias. Y digo que se llama a los reyes para que arreglen los desaguisados como en los cuentos infantiles, pero es que las monarquías tampoco son ya lo que eran. Da igual si están en oriente o en occidente, los reyes influyentes no son los que deciden porque hay otras instancias que no les dejan resolver los conflictos humanos de derechos humanos, ni siquiera aunque se llamen hermanos de sangre en países vecinos, los reyes influyentes en el siglo XXI son ahora ese poder mediático que insta a monarquías y no monarquías a cambiar de rumbo su quehacer diario por la fuerza de la razón, del qué dirán, del estado de derecho y de lo que se puede y no se puede hacer en el mundo.

El problema es que hay muchas discrepancias sobre lo que es justo o no justo ante una misma situación injusta o atentado contra los derechos humanos y a veces son los intereses políticos y económicos los que libran la batalla. Un hecho al que se le da una gran relevancia puede tener mucha menos importancia que otra injusticia que nos afecta humanamente mucho más pero que está lejos, o importa poco o no existe interés sobre el país o como seres humanos que somos apenas nos dice nada en esa frialdad que se nos queda a fuerza de oír tan a menudo sus desgracias.

¿A alguien se le ocurre indagar algún suceso injusto en China o en la República Democrática del Congo?, pues los hay y a montones, pero puede que esos humanos con sus derechos no interesen a nadie, ni nadie instale en ningún aeropuerto un campamento para pedir justicia o comprensión por sus peticiones.

Bien por las llamadas de atención sobre derechos humanos y peticiones justas que esperan a que sus reyes o gobernantes se las solucionen, pero, ¿dónde están los reyes y los gobernantes cercanos o lejanos que no se meten en conflictos simplemente porque no está en la diana de lo que se supone deben y pueden intervenir?

Nos dirán que esos son otros mundo porque los humanos se empeñan en dividir los mundos en categorías, primer mundo, tercer mundo, y en dividir zonas ya sea por continentes por ideas, por intereses políticos y sociales, y hasta son tan tontos los humanos que dividen a cada minutos los mismos países como el que divide su propia casa para reafirmarse en que como su salón no hay nada y así lo subdividen y subdividen tanto como su propio cerebro hasta que sus países se convierten en países inhumanos.

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