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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

La paz en la España de ZP

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
viernes, 18 de diciembre de 2009, 09:19 h (CET)
Un periodista, Hermann Tertsch, es agredido por un desconocido en un piano-bar días después de que desde una cadena de televisión que pocos ven y que a punto está de fusionarse con Antena3 se le tachara de asesino en lo que luego calificarían como broma. El gracioso fue el empresario (más de 900.000 euros de facturación y 1.000.000 de euros de inmovilizado declaró, según leo en la prensa digital, su empresa “Asuntos y cuestiones varias S.L.” en 2007 ante el Registro Mercantil –luego dejó de publicar las cuentas-) José Miguel Monzón, alias “Gran Wyoming”, quien luego alegó falta de profesionalidad o caradura supina (no conozco los vídeos manipulados que emito en mi programa). Evidentemente nadie afirma que haya una relación causa-efecto entre la infamia y la agresión, más lo cierto es que desde los grupos mediáticos afines al socialismo, que son casi todos y que tanto se fingían escandalizados cuando los ciudadanos abuchearon a Rodríguez Zapatero el pasado 12 de octubre, se cargan las tintas… contra la víctima de la agresión. Que si se cayó de un taburete, que si el periodista estaba bebido, que si fue una bronca con un chapero (lo de aludir a la tendencia sexual de las personas como arma de desprestigio, además de homófobo, es propio de nuestra izquierda; el colmo es cuando dicha “acusación” se perpetra en una conocida web… del lobby gay), que si a ver qué hacía este ciudadano saliendo hasta las tantas de la mañana, que si fue una pelea de bar… Técnica nazi la empleada por los chicos mediáticos del cejitas.

El primer ministro de Italia, elegido por amplia mayoría de ciudadanos, es agredido por un loco. Inmediatamente unos cuantos miles de camisas pardas se declaran seguidores del pirado en Facebook. En España un diputado socialista, Manuel Pérez Castells, se mofa y befa de la imagen ensangrentada de Silvio Berlusconi en su bitácora. Un columnista del diario oficial del zapaterismo “Público”, Juan A. Pérez, consigue sus dos minutos de fama al afirmar sentirse alegre por la agresión. “Puñetazo a Berlusconi y hostias en Copenhague. Ha sido un buen domingo”, se regocija ante el derramamiento de sangre el progre. “La cara reventada de una hostia me resulta bastante… bonita”, continúa este Draculín de pacotilla.

Maruja Torres, la misma que llamó hijos de puta (con perdón) a todos los votantes del PP, escribe en “El País” sin rubor que habría que abofetear a quienes votaron a Berlusconi. Demócrata ella.

Un empresario vinculado a CiU, un tal Bagó del grupo Sehrs, dice que habría que matar a todos los votantes del PP. Ha superado a Maruja Torres.

Sucede que todo esto, que avergüenza a cualquier persona decente, es consecuencia de esos años en que algunos querían imponer un fascista cordón sanitario en torno a media España, de esos tiempos en que el presidente del Gobierno no condenaba las agresiones que sufrían dirigentes y afiliados de la oposición. Son los mismos polvos que permiten que pueblos vascos aparezcan empapelados con carteles amenazantes contra Rosa Díez o que Albert Rivera reciba una foto suya con una bala en la frente.

Es la lógica consecuencia de sufrir a un gobierno de irresponsables que lleva cinco años jugando a enfrentar a los españoles. Es la paz de ZP. Será cosa del viento.

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