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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Verdugos a la universidad

Lorenzo de Ara
Redacción
jueves, 17 de diciembre de 2009, 08:31 h (CET)
Antes, eran otros tiempos, los verdugos no necesitaban pasar por la Universidad.

Los verdugos, el buen verdugo, ni siquiera tenía que saber leer. Era verdugo, y a otra cosa, mariposa.

Ahora no. Las cosas cambian. Gracias al progresismo que votaron abrumadoramente los españoles, los nuevos verdugos, los nuevos herodes, tendrán primero que acudir a la Universidad para poder matar a niños inocentes.

Así aparece muy clarito en la portada de ABC del jueves 10 de diciembre.

La pena de muerte en España se instala a través de la medicina y de la enfermería. Quienes salvaban vidas, en el presente se convierten en escualos.

Y si por algún motivo esos profesionales llamados a ejecutar tan noble y caritativa labor, rechazan la invitación del gobierno todopoderoso, ni que decir tiene que pasarán a formar parte de una lista negra, muy negra, igual de negra que la mano del verdugo que arrebata la vida del no nacido.

Por esa buena noticia brindaron el otro día algunas de las ministras más poderosas del gabinete del rojerío patrio. También la vice, que para este tipo de acontecimientos luce sus mejores galas y enseña la mejor de las sonrisas.

Todas las hienas se ríen en el transcurso del akelarre.

Mañana, o dentro de poco tiempo, los terroristas también deberán pasar por la universidad, e igual sucederá con los pederastas, violadores y corruptos, aunque estos en su inmensa mayoría ya lo han hecho.

El nivel de calidad de nuestra gran fábrica de parados, mejora notablemente.

Dejando atrás la ironía, a uno le entran ganas de maldecir, le entran ganas de romper con todo, le entran ganas de llamar hijos de su puñetera madre a todo mal nacido que emprenda este tipo de acciones y, apelando a la libertad, se hacen dueño de la vida, llegando a ser capaces de ordenar la muerte de un inocente que aún no ha visto la luz del sol.

¡Por eso yo no quiero la democracia servil y asesina que nos imponen unos pocos!

Leyendo a Wolfgang Koeppen, escritor alemán, en concreto su obra “El invernadero”, escrita en la década de los cincuenta, el lector se percata de lo cruel que puede llegar a ser el político y todo lo que le rodea. Recomiendo su lectura, después de saber que el que aprende a matar a una inocente criatura, es merecedor de un título universitario o superior.

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