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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Para que las mujeres no vayan a la cárcel?

Valentín Abelenda (Gerona)
Redacción
jueves, 17 de diciembre de 2009, 08:29 h (CET)
El PSOE se ha pasado al menos un año utilizando como principal argumento para defender su proyecto de ley del aborto el mismo que utilizó el presidente de la Junta de Extremadura, presidente que había manifestado algunas reticencias al proyecto de reforma del aborto, quiso matizar en respuesta a una pregunta formulada por el grupo de la oposición extremeña, que la nueva ley está "a favor de que las mujeres no vayan a la cárcel, esa es la cruda realidad", y añadiendo que "en España no está la mitad de la población a favor del aborto y la otra mitad en contra, porque "todos" están "en contra del aborto", excepto los parlamentarios del PSOE, IU, ERC i PNV le podríamos responder.

Fernández Vara, decía estas palabras, sin duda para acallar su conciencia como médico y católico, y olvidándose de que ninguna mujer ha ido a la cárcel por haber abortado desde que se aprobó la ley de 1985, repitiendo de esta manera un eslogan del partido.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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