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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos  

Un juego peligroso. Consultas ilegales en Catalunya

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 17 de diciembre de 2009, 08:14 h (CET)
No se trata sólo del hecho, incuestionable, de que, en Catalunya, 160 municipios con una población estimada de 700.000 habitantes pudieran celebrar el pasado domingo, día 13, una consulta popular ( el nombre es lo de menos), en la que se proponía a los ciudadanos que se expresaran, a través de las urnas, sobre la cuestión de si Catalunya debía ser independiente del resto de la nación o si, por el contrario, debía seguir siendo una comunidad autónoma de un país llamado España; sino de algo mucho más importante y es que da la sensación de que, tanto al señor Rodríguez Zapatero, como sus ministros, las autoridades de la Generalitat catalana; la Justicia, –empezando por el cuerpo de fiscales y acabando por los magistrados de los tribunales – y el resto de autoridades nacionales, a cuyo cargo esta hacer que se respeten, con todos los medios a su alcance, los preceptos de nuestra Constitución; parece no han tenido en cuenta o, y esto todavía sería más grave, han preferido aparentar no enterarse, como si se tratara de una cuestión intrascendente, a la que no hay que dar la menor importancia y que es mejor ignorar. Este escandaloso hecho por el que se haya permitido que, impulsado por un grupo de partidos que tienen su representación en el Parlamento de la nación y, cuyos miembros, cobran sustanciosos sueldos a cargo del Erario de la nación (de todos es sabido que se nutre de los impuestos de todos los ciudadanos españoles); la celebración de una consulta en territorio español de Catalubnya, apoyada por los propios municipios, en la que ha tenido lugar, utilizando, en muchos casos , sus propias instalaciones, una consulta en la que se proponía nada más y nada menos, que se pronunciasen sobre si eran partidarios de cometer el delito de traición a la patria o no. ¿Es o no delito el querer arrancar de España una parte de su territorio para convertirlo en una nación independiente? Es más, ¿se pretende, con estos actos perfectamente sincronizados, convenientemente ordenados en el tiempo, hábilmente solapados con las actividades del TC respecto a si el Estatut es constitucional o no; presionar a sus magistrados?

En un Estado de derecho no se puede admitir que, de cualquier forma que se dieren o se llevaran a cabo, se permitan actividades destinadas directamente a subvertir el orden constitucional y, en el caso al que nos referimos, atentar contra la unidad de España. Por tanto, es evidente que, aquellos funcionarios públicos que no toman las medidas adecuadas para atajar tales manifestaciones ilegales y atentatorias contra la nación española, están incurriendo en una de las causas constitutivas del delito de prevaricación. ¿Cómo es posible que siendo así nadie, absolutamente nadie, haya levantado un dedo vara evitar que España se vea sometida a la vergüenza de que, unas minorías, se permitan atentar, impunemente, contra la voluntad de la mayoría de la ciudadanía española, recogida en las normas de nuestra Constitución? Deberemos llegar a la conclusión de que ni el Gobierno del señor ZP ni el gobierno catalán de la Generalitat ni CIU ni el señor Montilla ni, por supuesto (aunque, en este caso, no hacen más que ser consecuentes con sus ideas), ERC e ICyV han tenido el menor empacho en hacerl. Los primeros, permitiendo abiertamente que se infrinja la ley y los segundos colaborando activamente en que la ley sea infringida. Un panorama, evidentemente, descorazonador para los ciudadanos que ya nos estamos acostumbrando a ver como se nos persigue con saña cuando aparcamos mal o nos pasamos de la velocidad permitida, multándonos y castigándonos con la máxima severidad pero, señores, en cuanto se trata de los políticos, las formaciones de índole subversiva o aquellos partidos que parecen estar por encima del bien y del mal, cometen delitos, como este al que nos referimos, de lesa majestad; entonces nadie ve nada ni oye nada y, por supuesto ninguna autoridad mueve un dedo para atajarlos y hacer que se mantenga la ley que fue infringida.

Pero no olvidemos el papel de la prensa catalana en esta movida. “Las consultas catalanas envían una señal cívica” es uno de los titulares del más popular de sus rotativos. Nada de reproches por una consulta ilegal; nada de observaciones de la falta de control de los supuestos colegios electorales; ninguna recriminación porque hayan votado menores de edad o la posibilidad de que un mismo sujeto haya votado una docena de veces; no señores, para este rotativo al que se le supone serio e independiente, lo verdaderamente importante ha sido que, en las votaciones, nadie se ha atizado, se ha roto un brazo o se haya atrevido a romper una urna, ¡faltaría más!, ¿es que alguien se atrevería a sacar carnaza rodeado de escualos blancos? Y es que, señores, ha sido más la escenificación de este episodio, la importancia que le ha dado la prensa y la ilusión que les ha dado a los jóvenes el tener ocasión de “saltarse la ley” sin que nadie les diga “mu” que sus resultados reales. Unos escasos 200.000 votantes de los cuales, como no, votaron un 95%, de promedio, por la independencia, no es más que un escaso 30% de los “presuntamente” censados; lo que, en cualquier comicio, sin duda sería una severa derrota para quienes lo hubieran promovido; aquí, en Catalunya, se ha jaleado como si todo el censo hubiera votado por dicha opción. Algo así sucedió con el referéndum del Estatut catalán, al que sólo acudieron el 30% del electorado, aunque la mayoría dijo sí al texto propuesto.

Obran mal, consiguen malos resultados, todo el mundo en España sabe que en Catalunya, la inmensa mayoría de los catalanes no quieren la independencia de España, entre otras razones, porque saben que su principal mercado está en las restantes autonomía y que, una Catalunya independiente, aislada en la Comunidad Europea, sin el mínimo peso internacional, sería pronto pasto de la codicia, las malas artes y las imposiciones de las naciones poderosas que, como ya sucede hoy con las multinacionales afincadas en esta tierra, son las que imponen a los gobiernos débiles sus formas de actuar, sus movimientos políticos y obligaciones para con ellas, con la amenaza latente de que, si no cumplen con dichas normas, se marchan a otro lugar dejando tras de sí a miles de trabajadores desempleados y sin opciones a buscar, en un mercado amplio de ofertas de trabajo, su reinserción al mundo laboral. Sin embargo, su poder sobre la prensa local, la facultad de establecer líneas específicas de opinión sobre las direcciones de los periódicos, a los que se les ha untado convenientemente con ayudas de 28 millones de euros para el 2010; permiten al Tripartit, sede y criadero de separatistas, imponer sus criterios y manejar sus políticas informativas de forma que, el fracasado plebiscito del domingo, en lugar de quedar como un fracaso absoluto del nacionalismo radical, se dibuje como una esperanza, como el inicio de un camino claro hacia la independencia.

Así, señores, a nadie debería extrañar que, el inefable señor Puigcercós, de ERC, ya nos haya obsequiado con unas declaraciones de las que se deduce que, para él y los suyos, esta consulta ha sido la demostración palpable de que Catalunya ha empezado a transitar por el camino de una futura independencia que, según sus palabras, va a tener su colofón en un referéndum, esta vez “vinculante” ( cómo conseguirá que sea así es un misterio que se debe guardar en la chistera), al estilo del defenestrado señor Ibarretche, para el País Vasco, que tantos sinsabores le produjo para acabar reposando definitivamente en el cesto de las utopías desechables.

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