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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

La milonga de Aznar

Mario López
Mario López
jueves, 17 de diciembre de 2009, 08:11 h (CET)
Desde hace mucho tiempo me tengo demostrado que los premios sirven fundamentalmente a los intereses del premiador; y el premiado, las más de las veces, es el tonto útil. Tonto en algunas ocasiones magníficamente pagado, pero tonto casi siempre. Así que no nos ha de extrañar que los méritos de los premiados, con cierta frecuencia, no tengan la menor correspondencia con los méritos que se premian.

También es muy habitual que los premiadores estén muy lejos de atesorar o representar los méritos que premian. Pero el caso es que los premios mueven a su alrededor infinidad de personas, dinero, intereses políticos, grupos de poder, medios de comunicación y,de cara a la galería, sirven para que la calle se haga una idea de lo que ocurre en los salones. Así como la soledad es muy mala compañía, que te lleva a hablar en exceso de ti mismo cuando te encuentras con los otros, los premios son una mala compañía para tus verdaderos méritos, pues los iluminan con una luz que no es la tuya y los desvirtúan ante la mayoría de la gente. José María Aznar se quedó solo. Sus grandes garantes, Bush, Berluconi y Blair, han caído en el más absoluto descrédito y, en su papel de difunto machaca, se ha vuelto de todo punto tenue, como su bigote. Así que se ha sacado un premio de la manga. Un premio que no debiría ser nunca dado por una fundación partidista como la FAES. Pues es el premio de la Libertad, que no se la debe arrogar ningún partido. Y mucho menos se le debe otorgar al Rey Juan Carlos, pues es el Jefe del Estado, el árbitro (al menos teórico) de la democracía. Pero, lo que sí es cierto es que este premio ratifica plenamente mi teoría de que los premios sirven fundamentalmente a los intereses del premiador. Hay quien dice que Aznar busca con él un título nobiliario. Es posible, pero pienso que aún más busca el esplendor perdido, la notoriedad como defensor de una Libertad a la que, viniendo de él, le sobra la mayúscula. Aznar, antes de blindarse con un premio debería explicarnos a los españoles qué le llevó a mentirnos para meternos en la invasión ilegal de Irak; hasta qué punto está implicado en la trama Gürtel; quién es el negro que le escribe los libros y cómo ha hecho de la política un negocio, dando conferencias a las que acude gente deseosa da escuchar de él las mismas milongas de siempre; que si España se rompe, que si Zapatero es el peor presidente de la Historia, que si él sabe perfectamente cómo salir de la crisis y que si está muy mal que le digan cuántas copas se tiene que tomar y a qué velocidad debe llevar su coche. Asido a esas sus enormes gafas redondas, como queriendo darse un toque intelectual, una y otra vez nos repite la misma milonga.

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