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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Obama, el cinismo y el señorito de Leire Pajín

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
domingo, 13 de diciembre de 2009, 09:06 h (CET)
Para que no se me alarmen los lectores destemplados afirmaré sin esperar más que Obama puede llegar a ser el mejor presidente de los EEUU. Eso no quita que su discurso al recibir el nóbel (con minúscula este año) de la paz sea puro cinismo.

La batalla más dura de Barak Obama no va a ser Afganistán ni Irak; donde va a tener la pelea más fuerte va a ser en su propia casa, contra el enemigo interno, contra aquellos que creen que extender la seguridad social a todos los ciudadanos es poco menos que entrar en un paraíso socialista. Deseo de todo corazón que tenga éxito, pues llevará más justicia social (¿se le pueden poner apellidos a la justicia?) a un país de grandes capas de pobreza, por mucho que al mismo tiempo sea el paraíso capitalista con el que sueña medio mundo. Si algún día consigue acabar tan hercúlea tarea habrá hecho méritos más que suficientes para recibir varios premios Nóbel.

Pero todavía Obama, la gran esperanza negra, no reúne méritos suficientes para haber sido galardonado con tan especial enaltecimiento. Él mismo lo reconoció, aún a medias, en su discurso al admitir que puede haber muchas otras personas con más méritos que él para ello.

Y sin embargo no sólo se llevó el galardón a casa para ponerlo sobre el televisor (ah, no, que en las teles de plasma ya no se puede poner encima ni un toro bravo ni una sevillana aflamencada ni un premio nóbel) sino que justificó con su discurso pacifista el mantenimiento de dos guerras en diversos lugares del mundo.

Sé muy bien, antes de que algún lector avispado me lo recuerde, que la mayor parte de la culpa debe recaer en aquellos que sin suficientes méritos, tal vez arrastrados por la popularidad del personaje, le señalaron con el dedo de la fundación Nóbel. Cierto, cierto, se esperaba de estos personajes un punto mayor de racionalidad, cordura y equilibrio, quizá incluso que se hubieran resistido a dejarse arrastrar por la opinión pública del pueblo (la redundancia es buscada, conste) del que se supone que ellos, élites eclécticas entre las élites, no deben formar parte.

Si realmente llega el día, feliz y dichoso, en que Obama haga algo por la paz del mundo, tal vez instaurar regímenes democráticos en Afganistán, Irak (¿Y China y Cuba y las monarquías teocráticas y petroleras?), ¿qué premio se le otorgará? ¿Qué florida, rebuscada y galáctica frase se le ocurrirá a Leire Pajín para equipararle con su señorito?

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