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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La carrera de la Sanidad hasta las Navidades

E. J. Dionne
E. J. Dionne
jueves, 10 de diciembre de 2009, 08:24 h (CET)
WASHINGTON -- Esta es la paradoja del momento: el discurso del Presidente Obama sobre Afganistán y su posterior reunión del empleo subrayaron el motivo de que sea esencial sacar adelante el proyecto de reforma sanitaria cuanto antes. El calendario político precisa de un ritmo que la dilatada velocidad del Senado estadounidense no es capaz de alcanzar.

Este es el meollo de la cuestión. Si Obama llega a aprobar un proyecto de reforma sanitaria antes de pronunciar su discurso del Estado de la Nación, empezará el año 2010 con una victoria histórica que anunciar ante el país, y a continuación podrá pasar rápidamente al asunto que probablemente domine las elecciones legislativas: el empleo y su creación.

El discurso de Afganistán demostró que el poder que tiene un presidente de controlar la agenda es limitado. Lo último que quiere Obama es que el debate entre la opinión pública se centre en una guerra que no es ni popular dentro de su propio partido ni particularmente apreciada por la media del electorado.
Su discurso acerca del incremento de tropas la pasada semana se pronunció por tanto desde la cabeza, no desde el corazón. Estaba haciendo lo que creía que tenía que hacer, no lo que quería hacer. No fue elegido para ser un presidente de guerra. Pero las circunstancias le obligarán a serlo de todas formas. En la práctica, la oración del discurso que pronunció con la mayor de las pasiones fue: "La nación que más me interesa construir es la nuestra".

Sacar adelante un proyecto de reforma sanitaria es importante por sus propios méritos, pero resulta capital a la hora de establecer las credenciales de Obama como reformista nacional y demostrar que los Demócratas son capaces de gobernar. Este es el motivo de que Obama visitara el Capitolio el pasado domingo para sacar adelante unas negociaciones encalladas. Los Senadores deben tener lista su versión del proyecto de reforma antes de que acabe este año para que Cámara y Senado puedan llegar a un arreglo rápido de un proyecto final en enero.

Esta lógica generará dos dramas diferentes a lo largo de las dos próximas semanas.

El secretario Demócrata en el Senado Harry Reid está luchando por aunar los esfuerzos de los miembros de su partido. Necesita que los moderados entiendan que son parte de la mayoría y que los progresistas aclaren lo que quieren a cambio de las concesiones a los moderados contrarios a la opción pública.
Los izquierdistas tienen toda la razón del mundo en su frustración con el Senado. Se ha convertido en una institución absurda, la entidad legislativa menos democrática quizá de cualquier país que se considere una democracia. No tiene sentido que 4 ó 5 votos puedan imponerse a 54 o 55. Pero el Senado es lo que es. Por ahora, los izquierdistas tendrán que hacerse a la idea.

Los Republicanos, mientras tanto, saben que el retraso es su aliado, y retrasarán indefinidamente -- todo lo que puedan. La aparición la pasada semana de una nota del Senador de New Hampshire Judd Gregg dirigida a sus colegas del Partido Republicano enumerando todas las formas en que pueden retrasar la adopción de la medida debería producir escalofríos a los Demócratas.
En un escrito de formulación agradablemente diplomática, Gregg argumenta que los Republicanos "tenemos que utilizar todas las herramientas con las que contamos en el reglamento del Senado para insistir en la celebración de un debate integral, completo y con toda la información relativa a la legislación sanitaria". Traducción: mantengamos la polémica hasta el verano, o qué demonios, hasta el Día del Trabajo.

La mejor noticia para los defensores de la reforma es que Reid ha intentado forzar la adopción reuniendo a un grupo de 10 Demócratas, cinco moderados y cinco progresistas, para cerrar los flecos de un compromiso. Tras varias reuniones mantenidas a lo largo del fin de semana, se centraban en una alternativa al modelo de opción pública copiado del Plan de Prestación Sanitaria de Funcionarios Públicos, a la vez incluso que los progresistas aspiraban a una ampliación de la cobertura.

Es una vergüenza que la opción pública sea detenida por un reducido grupo de senadores. Pero el compromiso seguirá dando al gobierno el papel de promover la competencia como garante de una alternativa que probablemente se centrará en los planes de seguro público

Los pilares centrales de este debate han sido aclarados. La Oficina Presupuestaria del Congreso ha desmontado los principales argumentos que los detractores de la reforma han intentado establecer. El proyecto ante el Senado recortará el déficit, no lo elevará, y estabilizará o reducirá las pólizas de salud de la mayoría de la gente, no las encarecerá. La propuesta contiene importantes medidas de control del gasto que con el tiempo pueden endurecerse. Aprobar la reforma sanitaria no sólo es por tanto moralmente necesario, sino también fiscalmente responsable.

Pero llegar a ese punto será mucho más difícil si el Senado no se pone en marcha este año. Obama acierta al decir que la construcción de la identidad nacional debe empezar en el país. La reforma sanitaria marcará el comienzo de la construcción nacional de la identidad.

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