Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

El candelabro del cambio

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
jueves, 10 de diciembre de 2009, 08:20 h (CET)
El cambio es la única cosa inmutable. Lo dijo el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, y no le faltó razón. Las causas de esa variación permanente son muchas y diversas, tantas como culturas y entornos. El mismo cambio climático enciende el candelabro de un mundo cambiante. Casi siempre hay un cierto temor a esas mudanzas. ¿Por qué se ha de temer a los cambios si la vida por si misma ya es una mutación constante? Seguramente, con otro tipo de actitudes y propuestas, dejaríamos de tener recelo. No hay porque tener miedo si se promueve un desarrollo pleno y humano, no sólo social y económico, sino también anímicamente ético. Es tan justo como preciso, encontrar un camino común, el de la solidaridad para poner remedio y consuelo a todos aquellos que sufren la inmoralidad del abandono, de la exclusión.

Nos deberían guiar los principios de responsabilidad, en cuanto a relación inseparable entre mundo y desarrollo. Así, mientras en una parte del mundo los niños están esqueléticos, en Europa la obesidad infantil es un problema creciente. Frente a estas realidades de niños con sobrepeso o desnutridos, está claro que debemos hacer algo ya. No podemos seguir de espectadores, como si el mal sólo afectara a los demás, porque en esta vida todos somos actores y en activo. Nadie está libre de nada. Por desgracia, todo lo vemos superficialmente. En un bando las personas son objeto de consumo. En el otro, las personas son objeto de indiferencia. El nuevo mundo que está naciendo ha de considerar estos desajustes y reconstruir nuestro yo interior de valores humanos. De una vez por todas, hágase valer.

Avive, pues, el candelabro del cambio, pero con el cambio de mentalidad, que el mundo no es para sí mismo, sino para todos. Hay que situar las cumbres entre naciones por encima de la política y también hay que asentar los derechos humanos como faro en todos los caminos que conducen al hombre. Hemos de medir los derechos por su deber y elevar la honradez a la cúspide de la acción. Falta nos hace. La epidemia de sobornos que el planeta sufre viene alcanzando un ritmo reproductivo endémico verdaderamente alarmante. Contra doquier corrupción, en suma, hay que plantarse antes de que todos acabemos dominados por ella, formando parte de un espíritu corrompido en el que no cabe la dignidad. Llegado a este punto, la receta del escultor Eduardo Chillida, puede sanar todos los males: “Un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo”. Saludable diagnóstico, piensa servidor.

Noticias relacionadas

A contracorriente

Lo que has de reprochar, antes de hacerlo a otro, corrígete a ti mismo por si acaso

Me quedo con Houellebecq

Neorreaccionario, xenófobo, misógino, islamófobo, neofascista, adicto al sexo… Un deshecho de virtudes que adjetivan a uno de los escritores más vendidos de Francia: Michel Houellebecq

Ternura

En los tiempos históricos e histéricos que vivimos, se me hace “raro” escribir sobre la ternura

El sermón final de San Óscar Romero sigue resonando en la actualidad

Ante una orden de matar que dé un hombre debe prevalecer la ley de Dios que dice ‘No matarás

Complot de iluminados para asesinar al Kingfish

Inquietantes datos detrás de asesinatos políticos fundamentan teorías conspirativas que por mucho tiempo se consideraban producto de una paranoia delirante
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris