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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

España, sola en Europa

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
miércoles, 9 de diciembre de 2009, 01:09 h (CET)
Cada vez hay menos datos que no ayuden a albergar esperanza u optimismo respecto a la creación de empleo. Intentaron tomarnos el pelo con los inexistentes “brotes verdes” y ni uno solo se ha visto en el ámbito laboral.

España va a remolque de Europa por primera vez en muchos años. Si la España de Aznar la vemos como un flamante coche nuevo y con elevado caballaje, la España del mayor creador de paro, Rodríguez Zapatero, hemos de verla como el ‘troncomóvil’ de los Picapiedra, que se desbarata según avanza. Y eso que avanza a paso caracol.

Tal visión de la España de Zapatero ha llevado a todos organismos a reclamar una reforma laboral en condiciones. Ni siquiera el presidente Rodríguez acierta a ver semejante necesidad. Algo parecido le pasó en los primeros momentos de la crisis y ahora vemos las consecuencias: mientras todos levantan el vuelo y empiezan a generar empleo, España sigue anclada en el vagón de cola y con serias dificultades. ¿Culpables? Todos los conocemos: Gobierno aturdido y sindicatos que “bailan el agua” al descentrado y problemático Gobierno socialista.

Actualmente el Gobierno se mantiene inmóvil ante los numerosos problemas que le agobian. Tal inmovilismo hace que no se genere ningún empleo, situación que parece complacer a los sindicatos de clase, porque encuentran un caldo de cultivo para arañar afiliaciones, subvenciones y cobros por inútiles gestiones. En definitiva, lo de casi siempre: inmovilismo, paro, engaño y abuso sindical llevan a una profundización de la crisis, lo que da lugar a más abuso aún. Estamos ante una rueda que los sindicatos saben explotar perfectamente.

No solo no se crea empleo en España, sino que quedará más rezagada aún en los próximos meses. Además de alcanzar el 22,3% de paro en los meses de marzo-abril de 2010, hay que añadir la próxima subida del dinero. Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, ha dicho bien claro que el BCE no va a esperar a España, porque el euro no contempla dos formas o modelos para Europa. Los inversores volverán a sufrir, y todo gracias a la incompetencia del Gobierno de Rodríguez y a la dejadez y falta de visión de los sindicatos de clase.

“No hay dos euros, un euro para España y otro euro para el resto de la eurozona. Sólo hay un euro”, ha dicho Trichet. “Sólo hay una credibilidad del euro, un único tipo de interés, un único tipo de cambio, y, por supuesto, hay una sola institución responsable de la credibilidad del euro y de la estabilidad de precios en toda la eurozona en su conjunto; 330 millones de personas y 16 países”. Más claro, agua. Por tanto, España volverá a ser perdedora. Una vez más, Rodríguez Zapatero arrastra la imagen de España con la indignidad que le caracteriza. De pena y de vergüenza.

Ni siquiera el Gobierno y los sindicatos españoles han sido capaces de copiar la política de Ángela Merkel, donde empresarios y sindicatos han formado un frente común con el Gobierno para sacar a Alemania de la crisis, con medidas propias de política liberal; justo lo contrario de lo que plantea la torpeza sindical en nuestro país.

Otra vez que nos quedamos solos. Quede claro de una vez por todas, que ello es debido a dos culpables: Gobierno socialista y sindicatos cuentistas.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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