Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
15º ANIVERSARIO
Fundado en noviembre de 2003
Opinión
Etiquetas:   Momento de reflexión  

Mensaje de ultratumba

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 9 de diciembre de 2009, 01:04 h (CET)
¿Qué hay en la otra orilla del río de la Muerte? No se sabe, se dice. Nadie ha regresado para explicar lo que ha visto. Aunque no se sabe qué es lo que oculta este misterio se reconoce la existencia de un cielo y un infierno. Los chistes que provocan hilaridad se preocupan en presentar imágenes de cómo son supuestamente los dos destinos que nos han de albergar durante toda la eternidad futura.

Es cierto que ningún mortal ha regresado del más allá para explicarnos qué esconde dicho futuro incierto. Esta afirmación concuerda con lo que enseña la Biblia. Cuando uno muere no puede relacionarse con las personas que ha dejado en esta orilla del río de la Muerte. Esta afirmación también coincide con lo que enseña la Escritura de que los vivos no pueden tener contacto con los muertos.

Intentar hacerlo con cualquiera de las prácticas ocultistas lo considera artes diabólicas que no tienen otra finalidad que engañar a quienes las practican para hacerles creer que son verdad las mentiras que propagan los supuestos ‘difuntos’ con quienes hablan.

Si ninguna de las personas que han muerto vuelven para explicarnos lo que han visto en el infierno o en el cielo, Dios que es eterno y conoce de primera mano todo aquello que se escapa a nuestros ojos, sí puede explicarnos con certeza todo aquello que hay más allá del río de la Muerte. “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gálatas,4:4). Este Hijo que Dios envía a la tierra no es un hijo adoptivo como lo somos quienes creemos en Él, sino su Hijo eterno que se desprende de su gloria divina al hacerse hombre. Este acto de humillación se inicia en el momento en que María acepta concebir del Espíritu Santo al niño que se llamaría Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados. Un día de fecha incierta ahora hace unos 2013 años, en un corral de Belén nacía el Dios eterno anunciado desde el alba de la humanidad, que descubriría la realidad de lo que hay al otro lado del río de la Muerte. Todo el ministerio público de Jesús tuvo la finalidad de desvelar a los hombres todo aquello que no pueden investigar con sus solas capacidades racionales. Jesús de una manera correcta lo confirma cuando dice dirigiéndose a su Padre: “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste, tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti, porque las palabras que me diste, les he dado, y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste” (Juan,17:6-8).

Es cierto que Jesús no dejó nada escrito. Si alguna cosa escribió lo hizo utilizando como pergamino el polvo del suelo y como pluma, su dedo. Pero sus palabras y hechos que descubren el misterio de la eternidad que comienza en la otra orilla del río de la Muerte, encargó a sus discípulos que fueron testigos “comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día que de entre nosotros fue recibido arriba” (Hechos 1:22), que dejaran por escrito para la posteridad todas las instrucciones que Jesús impartió durante su corto ministerio terrenal. La verdad que estos testigos transmiten del cielo y del infierno no permite que la tratemos jocosamente con chistes de mal gusto los destinos que nos aguardan cuando atravesemos el río de la Muerte.

Con la encarnación del Hijo de Dios en la persona de Jesús, el argumento de que nadie ha venido del más allá para decirnos lo que hay, no tiene ningún valor. Lo que ocurre es que no se desea escuchar las palabras de Jesús que con autoridad desvelan el misterio. Se prefiere vivir en la ignorancia porque el desconocimiento hace pensar que no tenemos ninguna responsabilidad permaneciendo voluntariamente en ella.

Noticias relacionadas

Se acumulan los problemas ¿quién los resolverá?

Hemos pasado en cuarenta años de una hermosa esperanza a una angustiosa desazón

Doctrina Estrada: paradigma eclipsado del siglo XXI

​Tal como se esperaba, el 1 de diciembre, tomo posesión de su cargo el nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO)

Hundertwasser. El hacedor de paraísos irracionales

Se cumplen noventa años del nacimiento del gran artista Friedrich Hundertwasser

El catálogo de promesas incumplidas

J. García

Entuertos para enderezar

A. Morillo, Badajoz
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris