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Joaquín Caparrós, el arquitecto
Daniel Sanabria
No es un entrenador que se distinga precisamente por lucir un temperamento sereno, sino todo lo contrario: es nervioso, frenético e hiperactivo. Para él no existen las fronteras en la zona técnica. No alardea de sus múltiples éxitos ni se esconde con sus fracasos, si es que se le puede atribuir alguno. Ni siquiera cae bien. Se podría decir que incluso tiene más enemigos que amigos entre los banquillos rivales. Pero tiene talento y motivos tan sólidos que no necesitan ni argumento. Es un auténtico fuera de serie y su presentación debería hacerse tras el telón de un escenario. Es Joaquín Caparrós.
Cuando uno de los mayores clubes de la historia de España atravesaba momentos difíciles en el pozo de la Segunda, allí fue Indiana Jones Caparrós a salvarle y devolverle a la máxima categoría. No conforme con eso, le clasificó para Europa y construyó los pilares de un futuro equipo bicampeón de UEFA y Copa del Rey: aquel Sevilla que dejó en bandeja a Juande Ramos. Caparrós no contó con los millones de Pellegrini ni Guardiola, ni siquiera con los de Aguirre en el Atleti. Pero logró cotas más altas que muchos técnicos, proporcionalmente hablando.
Su secreto es uno de los más viejos del balón: la cantera. Quizá por eso encaja como una perfecta ficha de puzzle en la filosofía del Athletic de Bilbao, un club con idiosincrasia propia donde Caparrós encuentra un océano de posibilidades para hacer lo que más le gusta: descubrir talentos. Habrá quien diga que Llorente ya estaba arriba cuando llegó Caparrós, pero el Llorente internacional y futuro mundialista es el que ha construido Joaquín Caparrós. Algo tendrá el técnico utrerano cuando ha sido el único capaz de exprimir las virtudes del 9 más fiero de San Mamés.
El optimismo que se respira en Bibao en estas fechas navideñas contiene aroma sevillano, y es que Caparrós ha devuelto la ilusión a una grada que siente el fútbol muy adentro pero que se estaba acostumbrando a sufrir más de la cuenta en las últimas temporadas. Junto al licenciado Llorente, también opositan con fuerza Susaeta, Amorebieta, De Marcos y Muniain, una generación que en Lezama dio que hablar y que de no torcerse las cosas terminará por hacerse un hueco en la historia del club.
Pese a la derrota ante el Valencia el pasado domingo, el Athletic mantiene un clima de euforia y optimismo que en Sevilla conocen muy bien. Ambos equipos se dejaron querer y hacer por Joaquín Caparrós. Ahora, mientras uno disfruta de la mejor etapa de su historia y lucha por engordar una vitrina que cada vez abre y cierra con más frecuencia, el otro empieza a construir un proyecto de verdad, con un futuro seductor y una identidad propia: la de Joaquín Caparrós.
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