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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

El voto de los curiosos

Pascual Mogica
Pascual Mogica
martes, 8 de diciembre de 2009, 09:11 h (CET)
Partiendo del principio de aquello que dice que “España es diferente” es muy posible que al voto de izquierdas, de derechas y al de centro se les una en las próximas elecciones generales el voto de los curiosos y que a estas alturas a nadie le extrañaría que fuera un voto numéricamente importante.

El hecho de que Mariano Rajoy nos tenga a todos sobre ascuas en lo que respecta a esas soluciones que dice que tiene para sacarnos de la crisis, es lo que puede llevar a la aparición en la escena electoral ese voto emitido no desde los sentimientos ideológicos, de simpatía o de simple deseo de cambiar al Gobierno, sino desde la simple y pura curiosidad. Rajoy no suelta prenda sobre su programa salvador y eso es lo que va a introducir e impulsar ese voto tan novedoso como único e inexistente en el resto de países democráticos. Mire usted por donde querido lector, los ciudadanos puede que voten desde la perspectiva, no de cambio, pero sí de la de querer saber. Querer saber, de una vez por todas, qué bondades o qué puñetas nos ofrece Rajoy para sacarnos del atolladero. Hay que reconocer que nos tiene a todos bastante intrigados con ese anuncio de decálogos y de medidas que se pueden contar por centenas, según Rajoy, pero que nadie conoce.

Yo estoy convencido que se va a dar bastante el voto de los que sienten curiosidad por descubrir lo que ahora Rajoy nos oculta, digo nos oculta porque no creo que se trate de un simple faroleo. De todos modos si Rajoy alcanza la presidencia del Gobierno, que lo dudo y mucho, algunos, bastantes, ya sabemos cuál va a ser el programa de Rajoy o al menos el principio de él. Se basará única y exclusivamente en esta frase: “Es que estos nos lo han dejado tan mal que no hay manera de enderezarlo” y así hasta que pasen cuatro, ocho o doce años. Y ¿sabe usted porqué querido lector? Por qué no hay programa. No hay más que echar un vistazo a sus principales bastiones: La Comunidad Valenciana y la Comunidad de Madrid. En la Comunidad Valenciana fíjese usted como está la cosa, le pongo un “pequeño” ejemplo: Las universidades públicas han tenido que recurrir a los bancos para pedir un crédito con el cual poder pagar la nómina de sus empleados. En esta Comunidad es donde más crece el paro. Y de la Comunidad de Madrid que le voy a decir, está en bancarrota y a la cabeza en lo que se refiere a más personas en paro.

Pero insisto en que Rajoy puede conseguir el voto de los curiosos.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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