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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos  

¿Por qué tantas ONG’s, y no una sola?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 8 de diciembre de 2009, 07:10 h (CET)
En ocasiones temo que se me tome por un inconformista, aunque debo reconocer que hay temas que me resultan llamativos aunque pueda parecer que quiero nadar a contracorriente y que, mi manera de pensar y razonar, puedan escandalizar a más de uno que pueda llegar a creer que soy un ser carente de sentido humanitario y que extremo mis críticas hacia personas que, es muy posible, gocen de la aceptación de una mayoría de miembros de la sociedad y que, en verdad, llevan a cabo una tarea muy encomiable. Sin negar que ello puede ser así, no puedo menos que plantearme si, en ocasiones, existe una parte de exhibicionismo, de autobombo o de búsqueda del beneplácito de la sociedad, en ciertos comportamientos, aparentemente, adornados de virtudes como la caridad, la ayuda a los necesitados o la entrega a misiones altruistas de las que es posible que no se saque ningún provecho personal. En fin, como no puedo cambiar a estas alturas de mi vida, mi forma de pensar, no puedo pretender que no me asalten dudas respecto al comportamiento de mis conciudadanos y que desconfíe de aquellos que se van dando golpes de pecho por las esquinas cuando la vida, esta gran maestra sobre los comportamientos de los seres humanos, me ha enseñado que, en ocasiones, aquellos en los que más has confiado, quienes han aparentado ser más honrados y estar dotados de las mejores cualidades humanas, cuando has rascado un poco en su epidermis, en aquella conducta ejemplar que parece que no tiene grieta por la que achacarle falta o defecto, es posible que nos llevemos un desengaño y que descubramos que, detrás de aquella fachada, de aquel escenario de bonhomía y rectitud; lo único que se nos muestra es un mundo de hipocresía, una avalancha de egoísmo y un averno de bajeza espiritual.

Y es que, no es la primera vez que me planteo la cuestión. Sin embargo, con motivo del secuestro de estos cooperantes catalanes que llevaban alimentos y ayudas materiales a los desheredados de la fortuna que viven en estas naciones dejadas de la mano de Dios, del continente africano; se me han ocurrido algunas observaciones que me voy a permitir compartir con todos ustedes. Por ejemplo, ¿se han parado ustedes a contar cuántas ONG’s existen en España, probablemente superen el centenar y puede que me quede corto. Todas ellas, me imagino, tienen unos objetivos parecidos y, es muy posible, todas ellas están imbuidas de un espíritu de generosidad y amor al prójimo. Pero a uno se le ocurre pensar que, si todas buscan el bien para sus semejantes ¿ a qué, diablos se debe que no hayan pensado en aunar esfuerzos, compartir estructuras y economizar gastos? Resulta chocante que, para repartir unos camiones de ayuda humanitaria se tengan que desplazar un número tan importante de cooperantes. Por ejemplo ¿a qué viene que la esposa del señor alcalde de Barcelona, señor Hereu, tenga que formar parte de una expedición semejante. ¿No sería posible que simples camioneros, con unos pocos miembros expertos de la ONG se hicieran cargo de la expedición?, ¿para qué tantos gastos de pasajes, comidas, pernoctaciones etc. si de lo que, verdaderamente, se trata es que los artículos que se envían lleguen sanos y salvos a su destino?

Tenemos ONG’s de médicos; las hay, como Cáritas, de tipo religioso; las tendremos de tipo municipal o institucionalizadas como la Cruz Roja Española y otras que se dedican a enseñar a los oriundos a cómo valerse de las herramientas para cultivar sus campos y, otras más, que se ocupan de que niños pobres o desvalidos reciban ayuda y estudios. No hablemos ya de la serie de departamentos de la ONU en los que trabajan verdaderas masas de empleados, bajo la excusa de ocuparse de la pobreza en el Planeta, sin que, al menos en apariencia, se vea su eficacia; porque, la realidad es que continúan falleciendo por hambre millones de seres a los que, posiblemente, con menos sueldos que pagar, con menos damas estropajosas (estas estiradas y autosatisfechas señoras que presiden mesas petitorias para ponerles a sus maridos una flor o un pin en el ojal de su americana y que, cuando han terminado si “ trabajo agotador” se van a un restaurante de lujo a gastar, de su bolsillo supongo, el doble de lo que han recaudado) acomodadas (a las que tanto les gusta mangonear y que tanto estorban a los que de verdad trabajan); con una mayor austeridad y vigilancia de que lo que se recoge y se debe entregar se ajuste, de verdad, a las necesidades de aquel pueblo o etnia a la que se pretende ayudar; se lograría una mayor eficacia y un aumento considerable de la ayuda para los necesitados. Ello suponiendo que se evita lo que sucede en tantas naciones gobernadas por tiranos que, al fin, quién resulta salir beneficiado de los envíos que se hacen para socorrer a los pobres de la nación sobre la que gobiernan, son los que ostentan el poder que, bajo la excusa de hacer un reparto más equitativo de las ayudas, quienes salen más beneficiados resultan ser los mismo repartidores que, sin ningún rubor, arramblan con todo el botín.

No es que pretenda que sea el Estado quien se haga cargo de aglutinar la ayuda privada a las naciones necesitadas; porque esta solución, sin duda alguna, sería la peor y aquella en que con más facilidad se cebaría la corrupción, pero es probable que así como se controlan las entidades bancarias o las bolsas nacionales por la CNMV, se pudiera legislar para que las ONG’s del país se aglutinaran de manera que su acción adquiriera sinergias derivadas de un ahorro de personal, una mayor coordinación de los servicios a prestar, un conocimiento más completo de las prioridades, en función de una mejor red de información, y una evidente centralización de los almacenes, de las expediciones y de las compras que, al poderse programar de una forma más eficiente se podrían beneficiar de importantes descuentos que la atomización de las ayudas hacen imposibles. Es evidente que unas cuentas debidamente auditadas y una cúpula encargada de rendir cuentas de sus actos ante una comisión del Senado, ayudarían a evitar estos caos, afortunadamente no muy comunes, debidos a dineros desviados por los listillos de turno a sus propios bolsillos.

Con ello se controlaría mejor el problema de los medicamentos, las ayudas médicas y los mismos desplazamientos de los facultativos a aquellas regiones de la Tierra que en cada momento o circunstancia, estuvieran necesitadas de sus servicios. Hemos tenido, recientemente, muestras abundantes de sunamis, terremotos y otras catástrofes que han tenido lugar en distintas naciones y que han causado cuantiosos perjuicios en cuanto a víctimas humanas y a daños materiales. Una organización que tuviera la posibilidad de programar toda la intendencia y logística, para encauzar una ayuda integral al país necesitado de ella; supliría y mejoraría con creces lo que un puñado de ONG’s pudiera llegar a ofrecer, cada una por su lado, sin sincronía alguna y, en ocasiones, duplicando ayudas o dejando de aportar otras más necesarias. Creo que es una idea, que superando los egoísmos o los personalismos de los dirigentes de cada ONG, sin duda, dotaría a la organización resultante de resortes importantes, que redundarían en una clara mejora de las prestaciones a aquellos que fueran los destinatarios directos de sus ayudas.

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